AL HILO DEL DIÁLOGO

La Voz

OPINIÓN

JAVIER LOSADA DE AZPIAZU SECRETARIO GENERAL DEL PSDEG-PSOE EN A CORUÑA TRIBUNA

31 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Hace unos días tuvimos la ocasión de observar como un apretón de manos escenificaba la bondad del diálogo en la vida política. Para quienes lo llevamos practicando permanentemente es una grata noticia, ya que siempre es bueno que quien esté equivocado rectifique. Sin embargo, la noticia, y la imagen, me trae una serie de recuerdos agolpados, pues son parte de la historia de los últimos dieciocho años, que me permiten recrearme en ellos con doble satisfacción; la primera nace del recuerdo de múltiples iniciativas que desde el gobierno municipal de A Coruña pusimos en marcha y que en su día fueron difamadas para luego ser puestas, miméticamente, en marcha por el resto de los gobiernos municipales de nuestra comunidad e incluso del resto de España. ¿Quién se acuerda de los primeros aparcamientos subterráneos, de las iniciativas urbanísticas mediante convenios, de la defensa de la autonomía municipal? Recordamos el calificativo faraónico a obras como los paseos marítimos, los edificios singulares, los centros culturales y las políticas educativas; o la práctica del diálogo constante, y educado, con gobiernos ya fuesen afines o contrarios; o los acuerdos de colaboración, de recepción a autoridades ajenas al propio partido, etcétera, etcétera. ¿Acaso no son en este momento practica común en todos los gobiernos? Y la segunda, la íntima satisfacción al observar que ahora, sin excepción, se reivindique el diálogo como una necesidad para el país y se defina como la herramienta más útil en democracia dejando la confrontación como algo estéril y trasnochado; sin detrimento, por supuesto, de las legítimas y diferentes posiciones políticas. Como vanguardia de quienes nos cuestionaban a lo largo de estos años y ahora, felizmente, parecen ser devotos cumplidores de los principios que otros hemos practicado, permítanme esta satisfacción. Bienvenidos pues a la normalidad democrática quienes toman esta vía en estos días; bienvenidos incluso a pesar de las repetidas descalificaciones que nos envían, aprovechándose de tribunas en las que no tenemos voz, pero que disculpamos al comprender que algunos tengan dificultad en acostumbrarse al ejercicio de la rectificación y de la humildad política. En esta tesitura enmarco la enfermiza fijación del señor Beiras con el gobierno democrático de A Coruña, con su alcalde y con los socialistas coruñeses, pues por encima de ello anoto ese intento de practicar, en su ocaso político, lo que desde siempre los socialistas llevamos a la practica en política: dialogar para convencer, y sobre todo tener el apoyo mayoritario de nuestros ciudadanos. Las trayectorias políticas se ven recompensadas normalmente por los resultados en las urnas, pero también cuando se observa la realidad y se encuentran hechos y actividades que describen iguales actuaciones o planteamientos semejantes. En este proceso, donde siempre estuvimos los socialistas, de firmeza en los principios y en las creencias y ductilidad en la relación, me permito recordar lo que se decían dos personas al ser presentadas: «¿Nos conocemos? No, nos distinguimos».