EL AZNAR KERIGMÁTICO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

27 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Es posible, como dicen los malos, que José María Aznar esté sorprendido por su propio éxito, y que, de haberlo imaginado antes, jamás hubiese prometido su retirada para después del segundo mandato. Y también es muy probable que yo me sienta perplejo por mi particular promesa, y que, de haberme imaginado esta brillante salida, jamás hubiese prometido dedicar esta enorme alabanza pública a quien no me entusiasma como político. Pero es lo cierto que Aznar se va a lo grande, como quizá no lo haya hecho nadie desde Salmerón, y que esa limitación de mandatos que otros utilizaron frívolamente y sin plena conciencia de lo que significa en nuestro sistema constitucional y político, se ha convertido en Aznar en un soberbio ejemplo de actitud personal y política, y en un listón muy difícil de saltar en cuanto a la comprensión del servicio público y del poder democrático. Por si eso fuese poco, el anuncio de extender su retirada a la presidencia del PP acaba de matar todas las posibles especulaciones sobre una salida de la Moncloa hecha a regañadientes y forzada por un exabrupto irreflexivo, al tiempo que deja sin efecto cualquier campaña que pueda urdirse para minimizar este magnífico gesto, como si todo se redujese a un doble juego, entre Génova y la Moncloa, para mantener controlada y caliente la silla del poder. Por eso es justo que reconozcamos que Aznar se va por la puerta más grande que podía imaginarse, y que ha convertido su salida en un inesperado y perdurable ejemplo de grandeza política. No crean, sin embargo, que acabo de convertirme al populismo. Lejos de hacer la pelota al poder, creo que el Congreso del PP, visto en su conjunto, roza los límites del personalismo hortera, y que su desbordante unanimidad a la búlgara presagia malos tiempos para el pensamiento político y para el desarrollo de una democracia cualitativamente avanzada. Pero eso no debe impedirnos reconocer que el éxito de este Congreso se asienta sobre un valor objetivo e incuestionable, cuyos méritos se concentran en la prodigiosa pirueta de Aznar. Visto en términos de enorme comparación, el Congreso del PP que definió la semana mediática ha servido para arrinconar al Aznar de la historia y para dar a luz al Aznar kerigmático. Y poco importa ya donde ha nacido el líder, de quien es hijo putativo, o como discutió, en el templo del franquismo, el nacimiento de la Constitución. Porque la figura histórica de Aznar acaba de subsumirse en un mensaje político que transforma todo lo que fue ese hombre bajito, rígido, engolado y un tanto histriónico, por el que nadie había apostado un euro. ¿Y Zapatero? Pendiente de la sucesión. Porque quiere y espera seguir pactando.