EXTRAMUNDI

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN PERNAS

18 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CJC era desmedido en casi todo, en su insolencia provocativa y en su ternura educada. Era sobre todo desmedido en su literatura, en la calidad literaria de su obra que navegó todo su siglo para regalo y solaz de un universo lector que no tiene fronteras. Fue sin lugar a dudas, junto con Valle, el más grande de los escritores gallegos que contaron, que escribieron su discurso narrativo en español, la patria grande del idioma. Nunca dejó de escribir en gallego consciente de que lo estaba haciendo en castellano. Y ahí está para las generaciones lectoras venideras ese monumento que tituló Mazurca para dos muertos, auténtica epopeya contemporánea de todo un pueblo. De la galleguidad. Caprichoso y difícil en el trato, era cordial y procaz, excesivo siempre en los afectos. Maestro en lealtades y en deslealtades, manejó a su antojo el idioma como un coleccionista de frases que quiso y supo hacer malabares con las palabras. Marqués de Iria Flavia , lo que en realidad le gustaría haber sido era lord del imperio británico, haciendo valer su sangre inglesa de la que estaba tan orgulloso. Él, como Borges, era un gallego al que no le disgustaba haber nacido súbdito de Su Graciosa Majestad. Se ha ido al extramundi, a su querido país de las afueras, del que nunca nadie ha regresado, a ese cielo limpio y transparente de los inviernos, poblado de banderilleros cojos, de paseantes en cortes, de izas y de rabizas, de canónigos y de sochantres, de pendolistas y de tísicos. Se murió de un mal antiguo y literario. Sobrevivió a la gripe del año diecisiete y a una tuberculosis adolescente que le llevó a un pabellón de reposo y a la literatura. Hoy, cuando la primavera se anuncia en los almendros, decidió marcharse. Duro y tenaz como la madera de boj nos debía nuevos libros que ya no serán. Su testamento literario está escrito por entregas como los folletones de antaño. Viaja a Iria donde no hay un panteón de gallegos ilustres, viaja a Iria para entrar definitivamente en la Historia y en la leyenda. Poco tiempo atrás, sólo unos meses, le precedió en el viaje su fiel escudero el escritor coruñés Mariano Tudela, acaso para rendirle su último servicio, para prepararle el terreno, que por los cielos nunca se sabe. Junto a mi despacho, según se cruza, en Alcalá 185, hay una placa con un retrato de Camilo José. Una docena de azulejos de Talavera recuerdan que desde allí, desde aquella casa, salió CJC a recorrer la Alcarria para después contarla en un libro. Hoy, como todos los días, crucé la calle y miré hacia arriba, leí otra vez el texto conmemorativo. Creí entender que el nuevo viaje, ligero de equipaje y con un manual de vientos, era al extramundi, a ese territorio cercano a Iria, y que en la memoria sólo comienza donde terminan los mundos conocidos. DEP.