EE UU

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

18 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Probablemente George Bush compartía, cuando llegó al poder, la máxima de otro presidente de su país, Theodore Roosevelt: «Estados Unidos no tiene en el mundo, y no necesita tener, más que un amigo: Estados Unidos». De ahí que su campaña electoral dejase entrever, en su día, un horizonte de repliegue internacional y de despreocupación por lo que ocurriese fuera de sus fronteras. Todo parece haber cambiado desde el 11 de septiembre de 2001. El hundimiento de las Torres Gemelas significó la puesta en marcha de un nuevo intervencionismo que, en estos momentos, significa la presencia militar de lo que ya se llama el pulpo estadounidense en más de 140 países de los cinco continentes, con Rusia convertida en un aliado leal. Toda una novedad. Pero ¿significa esto que todo ha cambiado de verdad? Somos muchos los que creemos que se trata sólo de un cambio estratégico, que sucede al descubrimiento de que no es posible un repliegue pacífico cuando eres el rey del cotarro y tus intereses están extendidos por todo el mundo. Entonces ocurre que dentro significa fuera y que la política internacional es una parte vital de la interior.