BENIGNO PRADO
13 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Sólo los cándidos pueden haberse sorprendido ante las fotos cordiales -más allá de la sonrisa de familia- de la pareja de hecho Fraga-Beiras. Las reglas del juego político tenían que imponérseles antes o después, pese a los exabruptos más típicos de sus personalidades tonantes que de sus presupuestos ideológicos. Más cosas acercan que separan al presidente y al jefe de la oposición, aun bicéfala. Eso fraguiano de que «yo también soy de la tribu» resulta innegable de todo punto y efectivamente, como se dice, prefiguró un acercamiento. Dos estilos de populismo, claro que cada uno de su generación respectiva. Dos niños prodigio en que tantas esperanzas habían puesto los suyos. Dos «desleales» a sus mentores primigenios. Dos pesos pesados de primera línea que al final no se ciñeron el título. Manuel Fraga no logró ser presidente del Gobierno de España; las probabilidades de Xosé Manuel Beiras de llegar a presidente de la Xunta de Galicia se reducen día a día. Fragueiras, un nombre no tan híbrido como parece. Y que suena bien, mitinesco.