JUAN J. MORALEJO
12 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Hay manos alérgicas al níquel de la eurocalderilla; supongo que la alergia es más grave en la mano de dar la calderilla que en la de recibirla, pues el duelo por el níquel que se va aumenta el prurito, pero a la alergia de la mano de recibir le va muy bien la homeopatía, calderilla hasta que la epidermis se acostumbre, níquel hasta que la dermis pida papas y libere excedentes metálicos por los poros. La eurochorrada tiene el copyright de una locutora de TV que nos informa con la máxima precisión posible de que los alérgicos al níquel de los euros sufren una dermatitis cutánea. Precisión máxima posible, digo, pues dermatitis cutánea de la piel ya sería pleonasmo. Dermatitis cutánea, menos mal que no es una dermatitis hepática, que podría acabar en cirrosis; o, peor todavía, una dermatitis cerebelosa y a ver cómo te rascas el hipotálamo. Imagínate, lectora, que tu niño se traga un euro y agarra una dermatitis de duodeno. En fin, podríamos seguir aterrorizando al personal, pero mejor será celebrar que la dermatitis de la euroalergia se nos quede en solamente cutánea. NOTA.- Señora, si tu niño se tragó un euro, agradéceselo a Aznar. Con Felipe se hubiera tragado 166,38 pesetas.