COMO AUSTRIA

La Voz

OPINIÓN

09 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los austríacos lo decían a en latín: Bella gerant allii. Tu, felix Austria, nube: «¡Que hagan la guerra los otros. Tú, Austria feliz, celebra matrimonios!». Y todo hubiese marchado de maravilla si Prusia, Serbia y Francia no hubiesen seguido su consejo y se hubiesen lanzado a una guerra que se llevó por delante las águilas imperiales y la mitad de los oficiales que lucían su uniforme en los soberbios salones de Viena. Y algo parecido sucede también en Galicia, donde Fraga y Beiras dejan la guerra para otros, mientras ellos comen y charlan en el Vilas. Por eso deberíamos recuperar el latín para poner sobre nuestro escudo la divisa de la Autonomía: Tu, felix Gallaecia, manduca. Claro que a mí no me parece mal que Fraga y Beiras almuercen juntos. Lo que me asusta es que nos hayamos quedado estantiguados ante un hecho insignificante que, gracias a la absoluta esterilidad de nuestra política, se ha convertido en la noticia más relevante del último semestre. Lejos de inquietarnos por la calma chicha que reina en el Hórreo, y por un Parlamento que está missing para la sociedad, acabamos de derribar el último símbolo que nos separaba del puro chalaneo, para abrirnos a un futuro que sólo es más de lo mismo y abrazar un programa de pura biología. Mientras la política catalana se mete de lleno en el futuro de la España autonómica y resuelve con brillantez el cambio de Pujol, aquí seguimos sin horizonte político conocido, con una misteriosa sucesión, modelo chicle, que se estira y encoge a capricho del testador. Mientras en Euskadi pelean el cupo con fuerte olor a política, nosotros seguimos rezando para no salir de la pobreza que nos garantiza el maná de los fondos de cohesión. Mientras algunas automías menores -como Cantabria y Aragón- se plantaron frente al Estado en la transferencia del Insalud, para llevar a su tierra una sanidad europea, aquí seguimos poniendo cirios al gobierno amigo para que nos libre de nuestros males. Mientras Madrid y Valencia imponen sus criterios de financiación autonómica, aquí discutimos el peaje de Rande. Y mientras en todas partes se baten el cobre los unos contra los otros, como mandan los cánones de la democracia, en Galicia es una gran noticia que Fraga y Beiras coman juntos. ¡Qué agenda! ¡Qué altura! ¡Qué esperanza para la juventud! Cuando Europa y el mundo se mueven a velocidad de vértigo, resulta muy difícil pararse en las banales noticias de la política gallega. Pero nadie podrá negarnos esta insólita aportación que acabamos de hacer a la política mundial: que dos viejos catedráticos se porten con cierta educación y coman juntos, sin tirarse bolitas de pan. ¿Y para qué? Para nada.