JUAN J. MORALEJO
07 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Avisan de Europa un euroaviso que no sorprende ni a los empeñados en sorprenderse: que la grey quinceañera hispánica, sin mayores diferencias autonómicas, está más o menos como Rayo Vallecano, Tenerife y Real Sociedad en comprensión lectora, conocimientos matemáticos y cultura científica, o sea, con un pie en Segunda. Los de la OCDE te son un poco cenizos y se tiran a la crítica fácil, pues también podrían dedicarle a nuestros mozos algún piropo por el gozosísimo progreso que han alcanzado en un área de comprensión lingüística que también lo es de compresión. Me refiero a la ultimísima Taquigrafía Movilera, prodigio de concisión que para sí quisieran la Pitia en su trípode y Gracián en su convento. Apañado estaba servidor si tuviera que cubrir mis 3.400 espacios a golpe de ese milagro quinceañero -¡o ya sieteañero!- que en la pantalla del móvil encaja unas Obras Completas tal como otros virgueros te escriben el Padrenuestro en un grano de arroz. La Taquigrafía Movilera, compresión sin excluir la comprensión, está al final del proceso, condensa lo sabido y es desarrollable con la pata izquierda por cualquiera que esté mínimamente en el ajo. Pero lo que tiene chiste no es llegar a despacharse con, por ejemplo, e = m.c2, que cabe en pantalla, sino matinar y profundar en todo un conjunto de cosas que se captan y se piensan únicamente con unas neuronas en las que esté bien implantados una sintaxis precisa y compleja y un diccionario, un auténtico tocho, con mucho más que tío, borde, pasa, guay, mola, súper, lo tuyo, cantidad, toma ya, tranqui... Con esa sintaxis y ese tocho de léxico se puede matinar, profundar, argallar... y ser Pitágoras, Bernouilli o Einstein. Sin esa sintaxis y sin ese tocho, aunque el agua hierva sola a cien grados y al ángulo recto nadie le discuta los noventa, no hay Ciencia ni Técnica. Porque la Ciencia y la Técnica no consisten en que haya apendicitis o el corcho flote y el plomo no, sino en tener sentidos e intelecto para observar, razonar, proponer... hechos, causas, condiciones, fines... y en tener la sintaxis y el tocho necesarios y precisos para exponer y aplicar lo observado, lo razonado, lo propuesto... Porque sin tocho o con mal tocho no nos aclaramos, no nos entienden o se nos entiende porque no hay más remedio. Por ejemplo, yo le entendí muy bien hace unos días al futbolista que, nervioso por su debut internacional, dijo que se le habían puesto los pelos de gallina. Y, como las gallinas no tienen pelo, enseguida comprendí de que al muchacho lo que le ocurría es que se le habían puesto las carnes de punta. En fin, que después de que una tira de tíos matinen, argallen y profunden en los entresijos de la energía, está chupado resumir todo en cuatro letras. Pero si no se tienen bien claros y fluidos los recursos para matinar, argallar y profundar, viene a resultar que un año-luz se nos comprima hasta ser «la luz que recorre un kilómetro durante un año», que no me invento, sino que recuerdo de la seletividá menos selectiva que ha parido madre. Decía Ortega que subir de lo coloquial a niveles de lengua científica y técnica era lo mismo que la traducción interlingüística. A los quinceañeros víctimas de la LOGSE y su fraude de promociones e igualitarismos rasantes, acaba ocurriéndoles que, si les duele el estómago, no saben que tienen gastralgia. Y no es sólo la LOGSE, sino todo el sistema de ocios y negocios que los quinceañeros practican y en los cuales el libro y la lectura son cero a la izquierda. Y los papás en la higuera porque -¡permítanme que me repita!- con que los niños estén estabulados ya es más que bastante. Y, a lo mejor, con una buena coordinadora de afectados y unas cuantas pancartas, se consigue que la Medicina de gastralgias, laparatomías y hepatitis se avenga a ser de dolores de tripas, rajaduras e hígados jodidos, que están más a la altura de lo que la LOGSE puede dar de sí y de no.