LA CUESTA DE ENERO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

06 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Miles de estudiantes regresan a Santiago esta tarde, metidos, como diría Caneda, entre la espalda y la pared, con la LOU y las movilizaciones apretando por un lado, y con los exámenes de febrero que este año se adelantan a enero. ¿Qué haremos? ¿Vamos a beber sin chistar el cáliz de Pilar del Castillo? Es la primera cruz de la dura cuesta de enero. Atrás quedan las fiestas, y, con su melancólica resaca, nos dejan también la gasolina más cara, los peajes por las nubes, los redondeos del euro convertidos en auténticas ruedas de molino, las subidas de precios que no tienen nada que ver con el euro ni con los impuestos, y una extraña sensación de que, mientras los sueldos crecen en proporción aritmética, los gastos lo hacen en proporción geométrica. Por eso me temo que la euforia del cambio de moneda esté perdiendo su atractiva novedad, y que en modo alguno sea suficiente para ocultarnos que estamos en plena cuesta de enero. ¿Y Argentina? Ya dijo Fraga que para eso, para arreglar el Cono Sur, nombró él a Miras Portugal. Y ya dijeron los pobres emigrantes -¡cosas veredes!- que mientras España les abandona a su suerte, don Manuel les manda un conselleiro muy simpático que les da unos mítines guay del Paraguay... y del Uruguay, y de Venezuela, y de Panamá. Y así se fragua la gran carambola: ellos hacen el «Camiño de Volta», huyendo de la miseria, y nosotros arreglamos ese problema demográfico que nos está hundiendo. ¡Lástima que nadie les diga que nuestros jóvenes universitarios están emigrando en cantidades preocupantes, que el paro aumenta aquí más que en el resto de España, y que nuestras rentas y pensiones están a la cola de Europa! Aunque también es sabido que, entre gaitas y aturuxos, a donde quieren ir los argentinos es a Barcelona, a Madrid, a Valencia, a Bilbao..., para veranear después en la Galicia de sus ancestros (léase ansestros). Pero las cosas no acaban ahí. Porque, con el cese de los villancicos, regresará imparable la cuestión vasca, con sus marrullerías políticas y su asqueroso juego electoral. Y Bin Laden, que ahora está fashion, con traje de seda y corbata milanesa. Y el mulá Omar, que escapó de los marines en plan Rambo y montando la única moto que quedaba en Afganistán. Y Celia Villalobos, que quiere coordinar -transferido- el mismo Insalud que puso al borde del caos. Aunque lo peor de este enero será soportar a Aznar I de España y V de Alemania, convertido en el más glorioso de los presidentes de Europa: introductor del euro que antes no quería, adalid de una ampliación que quiso bloquear en Niza, y gran hacedor de una política exterior europea dictada por su amigo Bush. ¡Menos mal que pronto viene el Carnaval!