ERNESTO S. POMBO
04 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Del torrente de opiniones que sobre la entrada en vigor del euro hemos recibido, en los últimos días, hay una que destaca por su originalidad. La de Xavier Arzalluz, que celebra la llegada de la nueva moneda porque «el Banco de España ya no pinta nada». El simplismo de Arzalluz es de tal calibre que lo acerca más a un mandril que a la especie humana. Uno de los acontecimientos de mayor trascendencia de la historia de Europa, una decisión que afecta a más de trescientos millones de ciudadanos, un cambio monetario sin precedentes, se lo despacha el líder del PNV de la forma más necia. Demostrando una vez más que no soporta nada que lo relacione con España. A lo largo de su trayectoria lo ha dejado claro. España y los españoles son los objetivos a erradicar. Todo lo que huela a español hay que destrozarlo. Arzalluz debería de tener centenares de motivos para celebrar, o no, la llegada del euro. Pero ha exhibido el más memo. Lo grave es que lo hace el líder ideológico del partido mayoritario de una comunidad que no nos da más que dolores de cabeza. Lo preocupante es que la solución a los problemas de esa comunidad pasan por dialogar con este líder que se obceca en no querer aceptar la realidad. El periodista José María Calleja cuenta en su último libro que los ordenadores de las redacciones de la radio y la televisión autonómicas de Euskadi se bloquean si los periodistas escriben la palabra España. Las garras de la sinrazón nacionalista llegan a extremos bufos. Don Salvador de Madariaga decía que para hacerle comprender una nueva idea a un vasco había que quitarle previamente la que le ocupaba su cerebro. Porque era incapaz de asumir dos diferentes. Pese a no conocer a Arzalluz, parece como si se estuviese refiriendo a él. Al líder del PNV, para hacerle entender cualquier otra cuestión, hay que convencerlo de que España y los españoles no somos sus enemigos. Que el principal enemigo es él mismo.