ELECTRICIDAD

La Voz

OPINIÓN

CARLOS GARCÍA BAYÓN

21 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Crucé la calzada. Iba con prisas y ensimismado. Traté de ascender la acera, tropecé en la ceja de la piedra y me caí como un fardo. El músculo del brazo, su tendón, quedó lesionado, distendido. -¡Me caí, me caí! -remedaba luego en casa la familia-. ¿Pero no tienes ojos? ¡Me caí!... -Caer también cayó Cristo, y tres veces -traté de justificarme humildemente. -Sí, pero Cristo llevaba la cruz a cuestas... Bueno, el traumatólogo me recetó corrientes y masajes eléctricos. Hace dos meses que me vengo impregnando de kilovatios. Me siento como un acumulador de Fenosa, suelto descargas, estoy como esas nubes que disparan rayos y centellas. -¡Cómo todos, macho! Aquí, ahora que todo sabe a celofán, y que geografía e historia, numismática y apologética, física y química están impregnados y dispuestos por el totalitarismo yanqui, la vida se nos dispara frenética y electrónica. Hasta los chiringuitos parecen centrales atómicas. ¿No estaríamos mejor sentados bajo un árbol aguardando a que se nos ofrezca la tabardilla de Newton, o nos nazca un endecasílabo o cruce por la corredoira Helena de Troya? Los yanquis han inventado la cremallera, el bolígrafo, el lavavajillas, la coca-cola, el bronceador, el desodorante, el footing, el kleenex, el rok and roll... Ahora se les ocurre inventarse como víctima de un complot universal, musulmán y Saturno devorando muchedumbres. La electricidad, los talibanes, el ántrax, estallan en todo y en todos escupiendo terrores y apocalipsis. Los míticos, gurús, visionarios, pueblan los cuatro elementos, se descalcan, arrodillan y entre genuflexiones y aspavientos rezan a Dios, Yavé, Alá, Cristo, Mahoma, que explotan de megatones, revientan de misiles, como nosotros, calderilla, bisutería de la historia...