MANUEL ALCÁNTARA AL DÍA
25 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El mando suscita antipatías en los que obedecen. No tenemos nada contra el jefe, pero tememos que él tenga algo contra nosotros. Este sentimiento tiene sus excepciones: los pelotas, pero son los menos. De lo que no pueden librarse los que mandan es de la crítica. Tras el asesinato de dos ertzainas en Beasain, sus compañeros acusan a los jefes de dejarlos indefensos ante ETA. Hay que preguntarse qué sociedad hemos hecho en la que los policías que dirigen el tráfico tienen que usar chalecos antibalas y trajes ignífugos. A unos terroristas se les mete en la cabeza, como a los talibanes, que hay que castigar a todo hombre que se retoque la barba y azotar a toda mujer que lleve el pelo corto y a todo niño que juega con una cometa. A otros terroristas se les induce a pensar que matando ertzainas, mujeres u hombres, se hace más grande la patria chica. En ambos casos el lavado de cerebro está condicionado por la extensión del mismo. En la Ertzainza se han alzado voces pidiendo más medios de protección, pero se dice que los sindicatos de la policía autonómica están enfrentados con la Consejería de Interior. En cualquier caso, los culpables no son los jefes, sino los asesinos.