EL (D)EFECTO ZAPATERO

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS EL OJO PÚBLICO

24 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas marca una depresión en el territorio socialista. Según él, de celebrarse hoy las elecciones, el PP obtendría más de nueve puntos de ventaja sobre su inmediato seguidor y se aseguraría, con aproximadamente el 43% de los votos, una holgada mayoría absoluta en las Cortes Generales. Puede, claro, que el CIS se equivoque en sus hipótesis, o que haya realizado la estimación sobre la que aquéllas se sustentan con un criterio partidista, que traicione las auténticas intenciones del cuerpo electoral. De hecho, ante las predicciones de un sondeo, siempre que las mismas son contrarias a lo que a uno le conviene, cabe reaccionar de dos maneras diferentes: presumiendo que el sondeo acierta más o menos, e intentando explicar el por qué de lo que indica; o dando por supuesto que el sondeo está realizado con la única intención de engañar a la opinión, es decir, que está manipulado. Supongamos que el último barómetro del CIS no lo estuviera. ¿Cómo explicar, entonces, la más llamativa de sus previsiones en materia electoral? ¿Cómo que el PP haya conseguido escaparse del PSOE con una ventaja que ronda los diez puntos? ¿Cómo, en fin, que por primera vez Aznar y Zapatero aparezcan casi igualados en su valoración, tras muchos meses en que el líder socialista aventajaba en ese capítulo al presidente del Gobierno? Al igual que en tantas otras ocasiones, responder que «la cuestión es muy compleja» les haría pensar a ustedes, con razón, que para ese viaje sobran analistas. Arriesguemos, por tanto, una respuesta. ¿Y si la inflexión a la baja del PSOE fuera en parte consecuencia de lo que, haciendo un juego de palabras, podríamos llamar el (d)efecto Zapatero? ¿O es que no resulta razonable suponer que así como la mejora de las expectativas socialista fue, en su momento, consecuencia de aquel efecto Zapatero, su actual empeoramiento podría deberse a la transmutación en (d)efecto de ese efecto? Zapatero comenzó ensayando una oposición medida y constructiva, convencido como estaba de que la ciudadanía no soportaría por más tiempo la insufrible confrontación de los noventa: buenos modos, críticas sensatas, ofertas de pacto en grandes temas, mano tendida contra ETA. Esa primera fase se acabó con Gescartera, que ha abierto la guerra entre el PSOE y el PP. Zapatero ha pasado así de ser bueniño a presentarse en ocasiones como un Mazinger Z de la descalificación sin paliativos contra Aznar y su gobierno. Seguimos, sin embargo, sin saber cuáles son las grandes líneas del actual proyecto que tiene en la cabeza para gobernar este país. Ese, así de claro, es el (d)efecto Zapatero.