UNIVERSIDAD

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

21 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La rebeldía universitaria parece que va en serio. Pocas veces un texto legal ha logrado concitar tantas adhesiones en contra. Se ha destacado, en nostálgica evocación de Mayo del 68, que reverdece aquel espíritu inconformista. Y se ha dicho, por otros, que los estudiantes ni han leído la ley. Pero, si hemos de ser sinceros, ni una ni otra cosa son enteramente verdad ni enteramente mentira. Y, además, poco importa. Lo que la LOU parece, con perdón, es un evacuatorio de hartazgo, tal como un motivo-pretexto para decirnos que no estamos haciendo, desde hace muchos años, las cosas bien. El sistema, por volver a la vieja terminología, les ha cuidado tanto, que ansían romper la baraja. Para ese sentimiento no hace falta empollarse 120 artículos y no sé cuantas disposiciones transitorias y finales. La Universidad y su futuro no están bien. Quizá ellos no saben cómo ha de arreglarse, pero intuyen que no hay sinceridad en el propósito. Y nosotros hemos perdido la autoridad moral necesaria para explicárselo. Un buen día, conversando, Daudet le decía a Zola: «Hay un autor que nos supera a todos y que nadie cita: la juventud». Zola no supo qué decir. Simplemente se puso colorado.