La reciente decisión de la Real Academia Galega (RAG) desestimando en votación secreta, afortunadamente, la incorporación de la mal llamada normativa da concórdia al acervo de la lengua gallega debe comentarse no tanto por la opinión que merezca, pues cada cual tiene la suya, sino por el ambiente de coacción que la precedió. Hasta tal punto fue así que a los promotores en la sombra de la normativa ni se les pasó por las mientes que pudiese ser rechazada (véase la sección Galiza del número 1008, 15-11, de A Nosa Terra que titulaba en plan Nostradamus, con indecorosa suficiencia, «A Academia aprobará o 17 de Novembro a normativa da concórdia») quedando claro, ahora, que los nacionalistas han intentado aterrorizar intelectualmente, como es habitual, a los académicos / as renuentes, compelidos moralmente a decir una cosa, a fin de no auspiciar públicamente el guerracivilismo cultural, mientras que en su coleto pensaban otra.
Intromisiones a parte, fuera del círculo de fanáticos que sólo aceptan la discusión cuando se les da razón, para la inmensa mayoría de los gallegos cae de cajón que la amalgama que practican los nacionalitaristas les lleva a impostar el vozarrón de los héroes libertadores ?entonando la conocida cantinela del victimismo? especulando sobre la asimetría de distancias culturales y de agravios históricos comparativos, entendiendo impulsar de esa guisa el alejamiento de Galicia de la civilización hispánica para enrocarla en la civilización, altamente respetable, lusa. Los mismos que propician taimadamente una habilísima y desleal ingeniería constitucional y estatutaria pavimentan el camino del revanchismo cainita que, con un perfecto dominio de la táctica del bombero pirómano, nos está perjudicando a todos. Son ellos, los nacionalistas democráticos y grupúsculos afines, los que han prendido la llama de la discordia lingüística y son ellos los que acuden, cada dos por tres, en salvadores habilitados del idioma ofreciendo el correspondiente cortafuegos, pero inmolando la libertad de expresión y de opinión en el altar de la paz civil y lingüística con la que nos chantajean. La normativa rechazada, incluso aceptando que no fuese en demasía extremosa tampoco era pertinente al no buscar el desarrollo del gallego como lengua de comunicación sino que inventaba la liturgia de una lengua de comunión en la que los lusistas y asimilados serían los sumos sacerdotes, en una indecente misa negra cultural organizada por la fratría de acólitos nacionalistas.
En consecuencia, ante «o demorado labor de os especialistas que desenvolvían punto por punto» la sesgada argumentación tendente a sustentar técnicamente un proyecto cuyo trasfondo estaba dominado por los planteamientos políticos lusistas, los académicos, en tanto que colectivo, no mostraron ninguna «solidariedade co traballo calado que durante meses realizaron boa parte dos especialistas». Dado que con tales mimbres sólo se pueden «tecer cestos de ilusión urdidos de palabras» hueras en los que se mete de cabeza a los pueblos contra su voluntad, la RAG desmontó lo que con increíble desparpajo y chapucera desenvoltura los especialistas habían querido hacer pasar por «as correntes máis implantadas», perpetradas en el conspiratorio sigilo de los despachos y presentadas por la prensa adicta como un hecho consumado.
En el futuro, sabedor de cómo se las gastan los Ben Bella lusistas con su engreída megalomanía de salvadores de la patria asolada por el imperialismo económico y cultural español, presumo que continuará el acoso contra los miembros de la RAG intentando su definitiva claudicación. ¡Basta ya de manipulaciones sectarias, de lloriqueos, de irresponsabilidades y de presiones tendentes a obligar a la RAG a salirse de su papel adoptando resoluciones políticas so pretexto de garantía de paz lingüística! La Academia no está para consensuar ni avalar sesgados trabajos técnicos que quieren modificar, desvirtuar o encauzar la lengua, según los designios de una supuestamente esclarecida elite de especialistas, ya que su cometido es constatar, notariar, fijar, excluir o refrendar lo que se habla y escribe. Y lo que ha escrito lo más granado de la pléyade literaria gallega y lo que se habla en la calle y se lee en la prensa independiente en Galicia, en el raro caso de que se hable y se lea, poco tiene que ver con lo que escondía la normativa da concórdia, de tal modo que consolida mejor la lengua viva, la lengua de hoy, un palpitante artículo de Alfredo Conde o de Luisa Castro que una tonelada de los insufribles informes de comisarios políticos con ínfulas de asépticos y neutrales especialistas versados en sociolingüística y bacallau.