CARLOS G. REIGOSA
19 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aseguró Fernando Sánchez Dragó, en su programa de TVE, que le irrita profundamente que le llamen provocador. Se lo dijo al dramaturgo y director de teatro Albert Boadella, quien, confundido y extrañado, sólo atinó a responder algo así como que provocador es el que dice lo que no conviene. Supongo que a Boadella le costaba tanto como a mí ver algo provocador en aquel hombre arrellanado en un sillón que no dejaba de mirarlo por encima de sus gafas hemicíclicas de pseudointelectual clásico. La verdad es que Sánchez Dragó lleva toda la vida intentando provocar con su cóctel personal de religiones, que en teoría podría desembocar en un neosincretismo nada escandalizador. Pero nuestro original pensador no tiene suerte: su talento se empeña en quedar por debajo de sus ambiciones. Lo cual me hace pensar que lo que de verdad le irrita es que sean tan pocos quienes lo tengan por un intelectual provocador, y muchos más los que simplemente lo consideran agraciado por el PP con un programa televisivo. Otros intelectuales de su condición quizá se darían con un canto en los dientes por disfrutar de tal bicoca. Porque esto sí que es intelectualmente provocador.