PRIVATIZACIÓN EN LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

La Voz

OPINIÓN

ANDRÉS SUÁREZ YÁÑEZ PROFESOR TITULAR EN LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO TRIBUNA

16 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Una de las críticas que se están haciendo a la LOU es que es privatizadora. Quizá sea una crítica fundada, como otras que se hacen tanto a la forma como al contenido del proyecto de ley. Pero mecanismos privatizadores de la universidad pública también existen con la ley vigente. Me voy a referir a uno -sólo a uno-, y me voy a centrar en los mecanismos concretos, porque los tiempos no están para grandes palabras, para metanarrativas, que sirven casi siempre para engañar. Si nosotros desde dentro no hacemos autocrítica, no nos extrañe, luego, que nos vengan con reformas desde fuera. El mecanismo al que me refiero lo denominaremos devaluación de las titulaciones que se imparten en la universidad, que son la razón de ser del ayuntamiento que formamos alumnos y profesores. Los títulos universitarios se están convirtiendo en un papel más que hay que tener, porque de lo que se trata es de acumular la mayor cantidad posible de papeles (títulos, diplomas, certificados...). Lo que cuenta a la hora de la selección -en el acceso a la docencia universitaria, por ejemplo- es la cantidad, no la calidad: a veces, ni siquiera se llega a leer una página de lo que supuestamente ha escrito el candidato o candidata, ni se llega a oír cómo se maneja en un debate improvisado y público. Simultáneamente con el curso de las titulaciones universitarias, hay estudiantes y profesores/as que se dedican a desarrollar todo tipo de masters, cursos de especialización, congresos, programas, etcétera. Es muy importante lo de la simultaneidad, aunque sólo sea parcial, porque así puedes contar con una audiencia cautiva, no tienes que reunirla a pelo, como en un speakers'' corner. A veces observas que alumnos tuyos que están cursando una titulación de segundo ciclo dejan de asistir a clase para hacerlo al curso del máster, porque han sido seleccionados para el mismo en virtud de poseer ya un título de diplomatura. Y los profesores/as respectivos/as mandan a dar sus clases a becarios/as, o, sencillamente, dejan de darse, porque, eso sí, al máster no se puede faltar, que para eso pagan los asistentes en torno al medio millón de pesetas. Y que nadie piense que me dedico a fiscalizar a mis compañeros. ¡Te enteras sin querer! Oyes, por casualidad, las quejas de los alumnos, tienes familiares o allegados afectados que te lo dicen, etcétera. Hace unos meses fui testigo de esta conversación en la cafetería de mi facultad, que ayuda a comprender el mecanismo. Un profesor, con mucho predicamento en la Universidad, le dice a un colega: «¿Por qué no organizas un máster en...? Te lo van a quitar». Responde el interpelado: «Me lo han sugerido varias veces..., pero me debo a mis clases, que es para lo que la sociedad piensa que estoy aquí. Con cinco materias que tengo que impartir y cientos de alumnos, no doy abasto...». Continúa el primero: «Un máster te da prestigio, te da a conocer fuera». Sí, efectivamente, te conocen fuera. Yo te invito, tú me invitas..., ¡qué prestigio tenemos! Caen unas cuantas pesetas, que tampoco vienen mal. Y de paso, otras cosillas... Oportunidades desiguales El colmo del mecanismo privatizador que estoy denunciando lo tenemos cuando es la propia Administración la que subvenciona uno de estos masters o cursos y, luego, exige la posesión del papel obtenido como requisito relevante (¿sine qua non?) a la hora de la selección. ¡Si el público en general fuera consciente de este mecanismo, habría miles y miles de solicitantes! Es una manera espuria de conseguir un empleo, un atentado al principio de igualdad de oportunidades y un abuso de información privilegiada. De ninguna manera estoy sugiriendo que haya que suprimir todos los masters, cursos de especialización, congresos... No, de ninguna manera. Seguro que hay algunos imprescindibles, de excelente calidad y que no adolecen de los fallos que he apuntado. Tampoco estoy dando a entender que no deba tener cancha la iniciativa privada. Lo que estoy diciendo es que no se puede tolerar que desde dentro de la universidad pública se esté contribuyendo a su devaluación.