RAMÓN BALTAR OTERO DE POTROS
24 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hace unos meses un estudio de opinión constató que un número de gallegos en poco superior a los votantes del Partido Popular se consideraban a sí mismos de centro izquierda. El domingo supimos que los estrategos de la oposición vitalicia no entienden esta traducción electoral del realismo mágico. Sería un detalle cortés que el ganador se lo agradeciera con un ejemplar del Manual del candidato, que redactó un Cicerón, donde más largamente se contiene. Si algún deseo de mudanza escondía el electorado (tan goloso de contradecir a sus intérpretes), los partidos de la oposición con su desacertado enfoque de la campaña lo enterraron. Aún no han acertado a comprender que una mayoría esencialmente progresista no pasa de una opción conocida a otras que no acaban de recomendarse. Mayormente, cuando se da la coincidencia de que éstas deben concertarse en sus propuestas si quieren formar gobierno. El personal no permite experimentos con sus seguridades. El BNG cometió falta descalificante cuando atacó con la salud del presidente recuncaturo: la agresión injusta atrae simpatía sobre la víctima. Aparte del mal estilo, esa salida de madre venía a confirmar su incapacidad para explicar el alcance de los fallos de la gestión popular y ofrecer un programa sugestivo y viable. Por otra parte, convertir en caballo de batalla electoral la sucesión de Fraga fue una torpe manera de reconocer que se desesperaba de vencerlo en las urnas, y por encima concederle un privilegio que le corresponde a su partido. No muy afortunados estuvieron los del PSOE. Su candidato, que se comunica por tarifa plana, casi no consiguió hacerse notar en el barullo que armaron sus competidores. Sonaba contradictorio proclamar llegada la hora del cambio y poner condiciones al probable socio antes de saber cómo queda la suscripción de acciones: si los socialistas no se comprometen a gobernar con los nacionalistas, la alternativa está en el alero y no hay razón supletoria para animarse a votarlos. Por lo demás, es muy difícil vender platos que el camarero decano de la casa aconseja no probar. Con estos antecedentes, la campaña resultó deslucida y desagradable para el ciudadano que sólo quiere oír propuestas y ayudar con su voto a conformar la voluntad general. La gran abstención, a pesar de las reiteradas llamadas institucionales a participar, seguro que caerán otra vez en la tentación de apuntársela al mal tiempo (la climatología, como dicen los estilistas) y así se evitarán el enojo de remediar las causas. En medio de tanta prosa barata, hubo un toque poético. Aseguran que un angelillo blanco en figura de niño batió sus alas en un mitin. Fue consolador saber que todavía nacen gallegos, sobre todo porque una generación tan satisfecha del presente y segura del futuro no debiera desaparecer sin dejar herederos de tanta felicidad.