EL DESCONOCIMIENTO RELIGIOSO

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN BALTAR

19 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La creciente inmigración ya venía achicando los espacios entre las dos grandes religiones de cuna mediterránea y los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos las puso frente a frente. Lenguas y plumas encendidas calientan a la opinión contra los peligros de la religión islámica. La incertidumbre produce miedo y la ignorancia lo propaga. Una encuesta entre sacerdotes, religiosos y monjas católicos españoles promovida por el Centro Islámico-Cristiano de Madrid y difundida por la prensa el otro día, reveló datos pertinentes: la mayoría considera fanático y machista al Islam, a pesar de que el 54,88% apenas ha leído algún estudio sobre esa religión y sólo el 5,3% reconoce haber acabado el Corán. Así las cosas, no es de extrañar que el 66,41% de los encuestados crea muy poco o poco en un diálogo y una colaboración sincera entre cristianismo e islamismo. Como el Berlusconi, pero con sotana. Cabe preguntarse por el motivo de esta indiferencia, más llamativa por tratarse de una encuesta realizada entre gentes de religión a los que se les supondría un interés profesional por saber qué mercadería ofrece la otra gran empresa de servicios de consolación ultramundana, y porque el Islam forma parte de nuestra historia cultural y religiosa. Aparte de la mala preparación intelectual de nuestros liberados espirituales, seguramente habrá que apuntar a la soberbia y al prejuicio del que ha crecido con la seguridad de que su religión es la única verdadera y las otras no pasan de mera colección de patrañas para embaucar a seres primitivos. Si el clero y el monjerío no saben nada del islamismo, ya no trae cuenta averiguar cuál será la información del resto de la ciudadanía educada por tales maestros. Dirigentes y pensadores de gran prestigio vaticinan que el diálogo entre las religiones se hará necesario para integrar la diversidad en la complejidad de la globalización y evitar un enfrentamiento de consecuencias catastróficas. Pero el diálogo exige respeto a la condición moral del interlocutor y conocimiento serio de sus creencias, valores que deberíamos mamar desde niños en la escuela. Este punto afecta a la presencia de la religión católica en la enseñanza pública. El presidente de la Conferencia Episcopal Española declaró hace nada que van por buen camino las conversaciones con el Gobierno para darle a la religión católica el mismo rango académico que las matemáticas. O sea, un suponer, que más adoctrinamiento bajo nombre neutro de asignatura científica. Los obispos, mejorando la cara de los católicos, no se enteran de la misa la mitad. Porque cualquiera puede ver que una sociedad plural, que se enfrenta a la integración de los inmigrantes de otras religiones, lo que necesita en la escuela es una materia como Historia de las Religiones, obligatoria para todos. Su estudio aumentaría la base cultural de nuestros escolares y les acercaría a otras formas de entender el mundo, lo que facilitaría la comprensión de lo otro y la convivencia.