«WAIT AND SEE»

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

01 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Esperar y ver»: eso dicen los ingleses para expresar que la duda les embarga respecto de una compleja decisión. «Esperar y ver»: esa es también la posición oficial de los socialistas de Galicia ante la incógnita que el PP y el BNG tratan de colocar en el tapete electoral, buscando de ese modo que llegue a despejarse: la de con quién pactarán los socialistas en la hipótesis de que Fraga no obtuviera los 38 diputados que necesita para gobernar en solitario. Como el torero que, con la intención de que entre al trapo, ofrece el capote a su adversario, también los candidatos del PP y el BNG buscan una embestida de Touriño que pueda dejarle con algún flanco al descubierto: si el líder socialista manifestara, así, su intención de apoyar a Manuel Fraga, los nacionalistas entrarían en tromba por la brecha que tal manifestación acabaría por abrir entre el electorado socialista partidario de forzar a cualquier precio la alternancia; si, por el contrario, Emilio Pérez Touriño se apuntara con claridad al pacto con el Bloque, los beneficiarios podrían ser los populares, que quizá acabasen recogiendo a los votantes moderados del PSdeG que temen más a Beiras que a un nublado. Porque, y la encuesta de ayer de Sondaxe no hacía más que confirmarlo, no sólo los militantes socialistas están hoy internamente divididos por la política de alianzas que debería orientar la acción de su partido: esa división segmenta igualmente, ¡y de qué forma! a los propios electores socialistas. Descontados los que no saben, no contestan, es cierto que sólo dos de cada diez apuestan por permitir al PP gobernar en minoría; no lo es menos, sin embargo, que los ocho restantes se dividen justamente por mitad entre los que pactarían con el Bloque en cualquier caso, y los que sólo aceptarían ese acuerdo si lo liderasen los propios socialistas. Así las cosas, Touriño está haciendo, por cierto con bastante habilidad, lo que haría cualquiera que no fuera un camicace: evitar que pueda causarle daño electoral una cuestión que quizá no llegue siquiera a suscitarse. E intentar reforzar su posición para tratar de evitar, en caso de que sí acabase planteándose, que la herida de muerte del PP pudiese llevarse también a la tumba al Partido Socialista.