Xosé Luís Barreiro Rivas
30 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hace tiempo que Fraga transmite la sensación de que está harto de mandar. Y aunque sigue ahí _por responsabilidad o porque no se atreve a enfrentarse con la soledad de su historia_, cada vez son más frecuentes sus excursiones verbales por fuera del guión, como si necesitase evidenciar la libertad de opinión que sólo se disfruta en el camino de vuelta. Claro que esa libertad puede tener muchas causas y manifestaciones, que no siempre se reflejan en un discurso constructivo y en un tono ejemplar. Pero eso no me impide mostrar mi admiración por quienes dicen lo que quieren decir, para darnos las claves de una actualidad que a veces se oculta detrás de la información oficial. Y por eso quiero dedicar este artículo a comentar cuatro breves declaraciones de Fraga, que marcan un hito de agudeza en este yermo electoral que nos envuelve. Primero, para abrir boca, me referiré a su despectivo comentario sobre el Colegio de Periodistas. Porque, lamentándolo mucho por los periodistas, creo que Fraga no hizo más que decir en alta voz lo que toda Galicia susurra por las esquinas, poniéndole una amarga letra al soniquete tantas veces escuchado de que en Galicia no hay libertad de expresión. Fraga lo dice porque lo sabe, y porque nadie es más consciente que él de lo poco que le costó _en todos los sentidos, incluidos los peores_ hacerse con la parroquia. Y por eso creo que, más allá de notitas y lamentos, la contestación a estas palabras sólo puede hacerse escribiendo, de la misma manera que el paso se demuestra andando. Un buen periodista siempre se las arregla para decir lo que quiere, y por eso, al menos de momento, la razón está de parte de Fraga, aunque yo, como es obvio, no me doy por aludido. El segundo gol se lo metió a su propio partido, cuando abogó por una reacción prudente y bien medida frente a la amenaza del terrorismo mundial. Su inesperada apuesta por abordar el problema de forma compleja y llena de distingos deja en mal lugar el incondicional alineamiento de Aznar con Bush, además de abrir la puerta a un nuevo análisis del terror. La tercera apuesta situó al presidente en una abierta cobertura del conselleiro y heredero Cuiña __, como si quisiese dar por terminada la polémica abierta _por él mismo_ a propósito de la sucesión. Alea jacta est, parece que dijo, poniendo el futuro al alcance de todo aquel que lo quiera ver. Finalmente, en declaraciones de ayer mismo, Fraga se refirió a la posición electoral del PSOE, para manifestar su abierta disposición a negociar, si llega el caso, un Gobierno de mayoría. Porque no es lo mismo Beiras que Pérez Touriño. Y porque hay favores que se hacen para matar... ¡lentamente!