PACO SÁNCHEZ
25 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuenta el Wall Street Journal que Bin Laden no es tan rico como dicen. Cuenta que los terroristas de su red manejan poco dinero «a veces hasta lo piden a sus familias» y siempre con un nítido criterio de ahorro: son sobrios, frugales, nada dispendiosos. Me cuadra más esto con unos tipos capaces de dar la vida por un ideal, aunque equivocado. Dicen que los musulmanes se escandalizan con nuestro afán por lo perecedero, con nuestra lucha por amasar bienes. Es, según ellos, otra manifestación de arrogancia frente a Dios «lo que más les hiere de Occidente» y desconfianza en la Providencia. Hoy que sube la bolsa y que una economista me escribe sobre valores, recuerdo mi primer viaje a Bogotá. Cogí el último taxi del aeropuerto. Era muy tarde y el tipo me llevó a donde quiso, pero la preocupación por aquella especie de secuestro no apagó mi curiosidad. Mientras pensaba en cómo bajarme del coche en marcha, miraba las primeras vallas publicitarias. Gritaban en letras grandes: «Papá, enséñame qué son los valores». Pensé que un país con taxistas como aquél necesitaba esas campañas. La luz del día, con la libertad, me trajo el desengaño: firmaba los carteles la Bolsa de Bogotá.