VENTURA PÉREZ MARIÑO
24 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En junio de 1893 salió de Oslo en dirección al Círculo Polar Ártico una expedición científica al mando del joven Fridtjof Nansen con el objetivo de acercarse al Polo Norte. La intuición de Nansen, que ya de aquélla había sido el primer hombre en atravesar a pie Groenlandia, era que en un momento de la ascensión hacia el Polo el barco habría de quedar atrapado por los hielos y allí la deriva que se produce a causa de las mareas empujaría la nave hacia el norte. Con esa idea se construyó un barco capaz de resistir la presión de los hielos, el Fram (en castellano «adelante»), y después de tres años de atrapamiento e innumerables penalidades, el barco, con todos sus ocupantes, regresó de su deriva ártica, confirmando la intuición y cumplidos en gran parte sus objetivos, arribó a Noruega. Fue un hecho muy notable en la conquista y estudio del Polo Norte, a cuyo frente, como señalaba, se encontraba el joven explorador, más tarde diplomático, que había de ser el encargado de reagrupar a los prisioneros errantes de la primera Guerra Mundial. Su muy meritoria labor le hizo acreedor del Premio Nobel de la Paz en 1922, y en su memoria se le dio su nombre al pasaporte con el que se identificaba a los apátridas, e incluso la Sociedad de Naciones creó una oficina internacional para los refugiados a la que también se denominó Nansen. Un compatriota suyo, el capitán del carguero noruego Tampa, vio de frente y recogió hace ya más de un mes, y ha dicho que volvería a hacerlo, de un barco a punto de zozobra a más de 400 afganos, que en condiciones paupérrimas, huían de todo: de la miseria, del fanatismo y de haber seguido en su país, de la maldición divina que está a punto de venírles encima. Ahora, al parecer, los refugiados siguen en una nave de la marina australiana, ante la negativa de ese país -país de inmigrantes- amparada por sus tribunales, de autorizarles a desembarcar. Lo mucho que ha llovido desde que surgió el dramatismo del Tampa nos ha alejado del tema. El problema de la inmigración está a la deriva. La preservación de las fronteras prima por encima de cualquier otra situación. A la vista de lo sucedido, es más que probable que avezados capitanes cambien de rumbo antes de tener que cargar con refugiados. A la vista de la experiencia, el recogerlos no les traerá más que problemas y dificultades. La negativa australiana a dejarlos desembarcar en su territorio podrá tener todos los amparos legales que se quiera, pero olvida que estamos en presencia de otro tipo de valores y premuras. Es lástima que gente tan notable como Nansen no viva siempre, pues alguien tendría que prever y controlar las derivas. Entretanto alegrémonos por el muy digno capitán del Tampa, que ha demostrado, que no es poco, que es un capitán de barco.