ARANTZA ARÓSTEGUI DESDE LA MURALLA
13 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Al poder le gusta revestirse de arquitectura monumental, con edificios poderosos, altos, desafiantes, que dejen su impronta. En la Edad Media, el poder lo detentaba la Iglesia y se construían catedrales. Hoy el poder está en la economía y, por eso, se levantan grandes centros financieros, que son las catedrales medievales. Pero ese orgullo del poder ofende a los que odian y el odio está en la base del terrorismo. En 1967, un grupo terrorista que aún sigue activo iniciaba una larga etapa de violencia. El IRA, desactivado tras la independencia de Irlanda -que una parte de los irlandeses no aceptó por la capitulación del Ulster-, entraba en lucha con un acto simbólico: derribaba el gran monumento erigido por el poder colonial inglés en O''Connor Street, en el centro de Dublín. Nelson Pilar, una altísima columna coronada con una estatua del almirante Nelson, era también un privilegiado mirador al que subían los turistas para contemplar una ciudad de edificios bajos, en contraste con Nueva York. Aquí acaban los paralelismos. Nelson Pilar fue dinamitado de madrugada, sin causar víctimas. Era, al fin y al cabo, terreno amigo. El milenio empezó el pasado martes con el bautismo de fuego del nuevo terrorismo. Como en el viejo, quiso doblegar el orgullo americano con un ataque a las simbólicas Torres Gemelas, monumento al poder económico mundial, al triunfante modelo de vida occidental. ¿Qué sociedad hemos creado que produce suicidas en Israel o Estados Unidos contra los que es casi imposible luchar? La violencia genera violencia y la genera a la misma escala. Israel ya lo sabe. Su obsesión por la seguridad es la causa del dolor y de la mayor inseguridad. Estados Unidos, una sociedad violenta en exceso, donde Holly-wood glorifica la sangre, donde se puede comprar por correo una pistola o una metralleta, obsesionada por la seguridad a cualquier precio, por los escudos que la protegen de todo, para que la lluvia de fuego caiga en otros lugares, aunque sean amigos, ha quedado humillada por el mayor acto de violencia terrorista de la historia. El nuevo terrorismo demuestra que en el mundo globalizado nadie está a salvo. Esto es lo novedoso. No hay islas como Gran Bretaña al margen de las guerras, no hay países como Estados Unidos al margen de ataques en su propio territorio, contra sus habitantes. Todos estamos convencidos en que la solución no está sólo en una mayor seguridad, aunque hay que trabajar en ello. La solución real pasa por la colaboración y el diálogo, por una justicia económica, por el control de armas, por rebajar el odio de los enfrentamientos, por reducir en suma la violencia de nuestra civilización.