Gonzalo Parente
11 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El terrorífico suceso que acabamos de presenciar en directo es un ataque cuyos efectos están por ver, pero con seguridad son de una gravedad máxima. La acción presenta unas características bélicas que puede provocar una crisis mundial. El ataque a la nación más poderosa en objetivos civiles y militares, es de una envergadura mayor que el ocurrido en Pearl Harbour hace medio siglo, que inició la guerra con Japón por tres mil víctimas militares. Esta tragedia ha impactado en el corazón de los Estados Unidos, pero sus efectos han alcanzado a todo el mundo occidental, aterrorizado y viviendo una situación globalizada en todas las actividades humanas. El momento elegido demuestra una gran preparación, pues ha cogido por sorpresa a todos los organismos de seguridad. Pero una guerra cruel en Oriente Próximo y una crisis socieconómica como la que estamos padeciendo no auguraban nada bueno. Por eso, detrás tiene que haber una organización fuerte y decidida, pero no un gobierno organizado que dé la cara para recibir la respuesta que sin duda les van a dar los norteamericanos. El objetivo terrorista sería llamar la atención mundial en forma sobrecogedora y lo han conseguido. Con ello han demostrado las vulnerabilidades de las sociedades democráticas. Desde hoy ya nada volverá a ser igual en materia de seguridad. La ciencia-ficción se ha hecho realidad. Lo más importante ahora será que los líderes responsables no pierdan la calma.