PP: LOS QUE SON Y LOS QUE ESTÁN

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

04 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La primera vez que estuve en Chile pude comprobar lo que hasta entonces creía una historia exagerada: que en Santiago había puestos ambulantes donde se vendía el Código Civil, el Penal, o el de Comercio. Es, puedo asegurárselo, rigurosamente cierto. Por tanto, cabe pensar que si nosotros fuésemos chilenos tendríamos ahora en casa un ejemplar del Estatuto. Muchos sabríamos, así, algo que probablemente conocemos nada más que un puñado de gallegos: que sólo los diputados autonómicos pueden ocupar el cargo de presidente de la Xunta. Bueno, muy bien, dirán ustedes. ¿Y que más? Pues que el conocimiento de esa exigencia estatutaria resulta bastante relevante para entender cómo podría plantearse en el futuro la cuestión de la sucesión de Manuel Fraga. Ahora verán. La Ejecutiva gallega del PP aprobó ayer unas candidaturas autonómicas en las que sólo figuran tres de los actuales conselleiros -entre ellos José Cuiña y Jaime Pita- además de su secretario general, Xesús Palmou. Ni Mariano Rajoy, ni Pio Cabanillas, ni ninguno de los posibles sucesores procedentes de Madrid, cuyos nombres deambulan por los mentideros de la política gallega, aparecen en las listas. ¡Pero es lógico!, dirán ustedes con razón. ¡Y tan lógico! ¿Qué profesional de la política cambiaría un ministerio por un escaño en su parlamento regional? No, no es esa la cuestión. Lo que sucede es que tales ausencias resultarán irrelevantes a efectos sucesorios siempre que Fraga sea capaz de volver a ganar las elecciones y siempre que, cumplido ese objetivo, no se le presente un imprevisto que le impida poner fin a su mandato. Sobre lo primero, los gallegos decidiremos el día 21. Sobre lo segundo, habrá que dar por válida la palabra del presidente de la Xunta, vista la buena salud que su doctor le certifica, y vista su actividad cinegética implacable, más propia, en verdad, de David Crockett que de alguien de su edad. Imaginemos, sin embargo, y aunque sea sólo como hipótesis, que Fraga perdiera el día 21 o que, por lo que fuere, aun ganando, no finalizase su mandato. En tal supuesto es presumible que alguien tendría que sustituir, como líder de la oposición, al candidato derrotado; o como presidente, a un Fraga que se va. ¿Quién? Es muy sencillo: alguno de los que ahora están en la Cámara gallega, pues únicamente ellos reúnen el requisito indispensable en los dos casos: el de ser diputado regional. El entonces elegido tendría, no lo duden, casi todos los boletos para convertirse en el próximo líder del PP. Con lo cual, podría acabar por suceder que por no estar, cuando toca, todos los que son, vengan a ser, al fin, sólo los que están.