XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS A TORRE VIXÍA
02 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Por más vueltas que le doy, no acabo de imaginarme un debate entre Fraga y Beiras en la Televisión de Galicia. Ninguno de los dos tiene nada que ganar, y ambos tienen mucho que perder. Y no creo que los estados mayores de sus respectivos partidos cometan la imprudencia de montar un reality show tan gratuito, tan explosivo y tan imprevisible. Tampoco les veo en plan tripartito, dándole a Touriño la posibilidad de hacer de árbitro entre el gallo rojo, que es fuerte, y el gallo negro, que es valiente. Y por eso estoy seguro de que, descontada la negativa del PP, ni el BNG ni el PSOE aceptarían participar en un trofeo triangular en el que no tienen nada claro a quien quieren derrotar. Finalmente, para agotar las hipótesis, tampoco me imagino qué tipo de espectador dejaría de ver Crónicas marcianas o Ally McBeal para enfrentarse a un galimatías argumental tópico e incomprensible. Dicho de otra forma: ¡No habrá debate! Y todo lo que de él se diga, desde ahora hasta las elecciones, no constituye más que una ceremonia de confusión, que sólo persigue convertir el ya imposible debate en un rejón ardiente que se clava en la espalda del contrario. Claro que, al menos en este punto, también los periodistas, analistas y público en general actuamos un poco al estilo de los políticos. Y por eso pedimos el debate como si lo fuésemos a ver, como si nos interesase conocer más a fondo los problemas del país y como si no estuviésemos de vuelta y media de todo cuanto pueden contarnos Fraga y Beiras sobre sus respectivos proyectos políticos. Si usted no sabe como es Fraga, después de cincuenta años de política activa, creo que es mejor que lo deje todo como está y se dedique a ver Crónicas marcianas. Y si todavía no tiene claras las ideas de Beiras, más le vale aparcar sus preocupaciones y tomarse una copita mientras ve Ally McBeal. Porque si algo tiene nuestra bendita política es que, o no puede ser abordada en serio (mapa universitario, déficit sanitario, caos municipal y comarcal, estructuras clientelares, sistema financiero, política pesquera y agraria, modelo cultural), o está más visto que el TBO (suprimir el peaje de Rande, echar asfalto a los caminos, electrificar por enésima vez la zona rural y -¡que no se me olvide!- promover las nuevas tecnologías). Por eso, aprovechando la moda de los pactos hechos a las espaldas del Parlamento y los ciudadanos, le propongo a Rodríguez Zapatero un nuevo pacto para su colección: que no se vuelva a hablar de debates televisados, y que cada uno siga a su aire, con su diálogo de sordos. Porque el resultado es el mismo. Y porque, con mi propuesta, nadie nos tomará por tontos.