MARÍA XOSÉ PORTEIRO HABITACIÓN PROPIA
22 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando los más viejos de la tribu afirman que todo está inventado, una sensación de desánimo nos invade y sólo el recurso al axioma contrastado de que toda regla tiene su excepción nos rescata del desaliento. Así ocurre con la labor que viene desarrollando la Universidad de Vigo, con algo más de diez años de vida, ejemplificada en el lema escogido para conmemorar su primera década: Nova e innovadora. Su singularidad principal es el apoyo decidido a la investigación y a la innovación vinculando ambas ideas a las necesidades de la empresa o a una íntima conexión en los objetivos. La creación de cátedras con el apoyo de empresas como Coren, Ence, Telefónica, Caixanova o Citroën -por citar sólo algunas-, que permiten financiar la contratación de un catedrático y promover una investigación que luego revertirá en el ámbito empresarial, o el hecho de ser la única universidad gallega que figura entre las quince primeras de España por la captación de fondos europeos para investigación, dan fe de la apuesta inteligente y comprometida con una tarea que asimila la docencia con el desarrollo económico del país. Estos días ha vuelto a ser noticia por varios pronunciamientos de su junta de gobierno. Por una parte, contra la posibilidad de compartir con la Universidad de A Coruña la titulación de Ingeniería de Telecomunicaciones, especialidad en la que Vigo ha conseguido, históricamente, un altísimo nivel. Por otra, contra la futura ley orgánica universitaria (LOU), que sustituirá a la actual ley de reforma universitaria, aprobada tan sólo hace quince años. Y no son batallas menores. La primera porque vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad del mapa de titulaciones de Galicia, que sigue siendo, junto con los aeropuertos, las autovías y recientemente el tren de alta velocidad, uno de los elementos preferidos por aquellos que carecen de un proyecto global de país y se divierten resucitando peligrosos agravios localistas. La segunda, calificada por el rector Docampo como jacobina, está aún en fase exploratoria y no será hasta el otoño cuando pase a ser estudiada y debatida por las Cortes. Hasta ahora, la crítica a la futura LOU se basa en el cariz político con el que se está dando a conocer, poniendo más énfasis en los aspectos formales de su presentación -tuvo que ser en un curso de verano- que en centrar el debate respecto de cuestiones relevantes y atinentes a la calidad y universalidad del sistema universitario público. Lo cierto es que la clave de la reforma de una ley que, por orgánica, precisará de mayoría cualificada para su aprobación, debiera estar en una apuesta aún más decidida por favorecer el acceso a la formación superior desde la igualdad de oportunidades, con un criterio de calidad que la haga competitiva con la enseñanza privada y ligada a un tiempo al mercado de trabajo y a la creación de pensamiento. Sería bueno que los grupos políticos coincidiesen en plantear una ley que aporte un compromiso semejante al adquirido por la universidad viguesa: apuesta por la innovación y la investigación; osadía y visión de futuro; implicación real en la formación de seres humanos mejores como personas y más cualificados para competir.