CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
16 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Este año, una sección de las páginas veraniegas de La Voz, Al Sol, brilla por encima de todas. No es una cura de humildad, es un baño de humildad. Me refiero a la macanuda encuesta ¿Conoce Galicia? Mientras los padres de la patria se rasgan los vestiduras y se empeñan que todos sepamos declinar las diez verdades de la galeguidade en perfecto gallego de la Xunta, llegan cuatro turistas con cámara al hombro y dejan en ridículo un día sí y otro también los principios fundamentales de nuestra cultura. Esos turistas, en su galopante burrimia, lo primero que señalan es que el nivel cultural de las tropas es más bien nulo. Pero algunas de sus respuestas de antología del disparate ponen en su sitio a sacrosantos reyes del Galicia en pie de fiesta. Los despistes sobre Gayoso son un indicador de que ya está bien de vendernos siempre lo mismo. El pasotismo sobre Breogán o la creencia de que la santa compaña es la guardia pretoriana del arzobispo demuestran que el nacionalismo es siempre frontera. No sirve para exportar. Tiene límites. Hay que educar en la diversidad para salir de Pedrafita sin hacer el ridículo. Gracias a Al Sol, por poner a cada uno en su sitio.