JUAN M. VIEITES BAPTISTA DE SOUSA (Secretario de la patronal ANFACO)
11 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los que estuvimos en la cumbre de Seattle y vivimos las movilizaciones de los colectivos antiglobalización pudimos comprobar cómo los enemigos del libre mercado, a través de sus manifestaciones pacíficas o violentas, querían poner en peligro la sociedad del bienestar. Desde la tercera reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) hasta ahora, todas las reuniones internacionales relacionadas con el proceso de mundialización de la economía, que por cierto es irreversible, tanto del G-8 (el grupo de las ocho naciones más desarrolladas del mundo), Banco Mundial, etcétera... van acompañadas de violencia en las calles de los países que organizan dichos eventos. Con ello no se quiere ver que el libre mercado ofrece libertad y enormes posibilidades de desarrollo. Pero como en casi todo, también aquí existen contribuciones positivas. Las que nos han dejado los movimientos de rechazo a la globalización son las que ponen de manifiesto las preocupaciones generalizadas sobre los crecientes desequilibrios, que los gobiernos deben intentar corregir. Prosperidad y estabilidad Los subjetivismos no deben ocultar la realidad que supone la revolución que ha producido la sociedad de la información buscando prosperidad y estabilidad, por lo que para llevarla adelante se necesita firmeza y tenacidad. La globalización presenta una descripción dura de la realidad; rechazarla supone equivocar al contrario. La reunión de Coha (Qatar), que está previsto se celebre los días 9 al 13 de noviembre de este año y que será la cuarta ministerial dentro de la Organización Mundial del Comercio, no dejará de acercarnos a la nueva evolución de la economía que, aunque inicialmente se ha percibido como algo forzado, no ha dejado de avanzar. Estamos en la era de las alianzas y los acuerdos estratégicos globalizados mediante los cuales se accede a nuevos mercados y a nuevas tecnologías necesarias para la innovación, buscando ventajas para responder prácticamente a las nuevas necesidades. En definitiva, conseguir mayor capacidad para acumular y utilizar un conocimiento más competitivo y dinámico de manera más rápida. Tenemos que estar a la altura del desafío y saber responder de manera apropiada con una visión de futuro, aunque uno no pueda dejar de pensar que con las reestructuraciones industriales se produzcan dramas humanos. El mundo socioeconómico debe buscar lo más rápidamente posible un equilibrio de comprensión humanizadora, pensando que vivir es crecer y no intentando recrearse en el proceso.