SUSANA FORTES PUNTO DE FUGA
27 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Un hotel antiguo con grandes ventanales sobre el Garona, calles estrechas que desembocan de repente en una plaza de perspectiva inesperada, la visión en fuga de unos soportales con ladrillos rojos y ese aire de ciudad de refugiados por donde vagaron los anarquistas españoles, sin dios ni amo ni un país donde caerse muertos. En la fotografía el río tiene el color de una mañana de invierno. Hay un hombre apoyado en el pretil de bronce del puente fumando. Algunas cosas guardan entre sí la relación del misterio: los viejos hoteles, la música, las ciudades extranjeras, las miradas de ciertos hombres que a veces adoptan un matiz suave de sorpresa o desconcierto, como esa mirada hundida en el río, antes de la lluvia. Recuerdos Y existe también un lugar emboscado de la memoria a donde va a parar un género anómalo de recuerdos, las palabras dichas a media voz en automóviles que cruzan veloces las autopistas... Fue una noche en Toulouse, con un poeta chileno. Sonaba The black saint and the sinner lady, solos en un pub con su propietario negro y músico, alguien dijo, por no sé qué extraño whisky de la noche, que el jazz era una nostalgia de cosas imposibles de ser recordadas con claridad. El contrabajo de Charles Mingus seguía fluyendo entre lo onírico y lo teatral, con ese punto de crudeza primitiva que tiene el blues cuando es vilolento e hiriente e incurable. Había en la música una irresistible atracción por el abismo, algo intemporal, y al mismo tiempo tan preciso y cerrado como un logaritmo matemático. Números o notas por las que en un momento dado un hombre y una mujer serían tal vez capaces de arriesgarlo todo y perder el alma. Dejemos ahí congelada la imagen. Un poeta y un músico negro, la fastuosidad rojiza de un local nocturno, calles estrechas y empinadas. Luces, piano y un saxofón Cierro los ojos y veo las luces y oigo un piano y un saxofón antes de la entrada del contrabajo. Recuerdo perfectamente el mostrador de madera con vasos y botellas, el rescoldo de la brasa de un cigarrillo que se consume antes de llegar a los labios. Veo con toda nitidez la noche en Toulouse, al salir del pub, replegándose bajo la luz húmeda de las farolas en el río y, sin embargo, a pesar de todas las evidencias, tengo la sensación de que yo no he estado nunca en esa ciudad y que la música, esa música que viene ahora a mi memoria, procede de la altura cóncava de un cielo imposible donde suceden las cosas que no han ocurrido jamás.