A LA ALTURA DEL ÁGUILA

La Voz

OPINIÓN

EDUARDO CHAMORRO LA PENÍNSULA

26 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hay tópicos que son como axiomas. Son evidencias que se cumplen a la vuelta de cualquier esquina, en los escenarios más dispares y bajo las circunstancias más diversas. Hace treinta años andaba yo con un amigo recorriendo las ruinas de Micenas, cuando nos dio por refrescarnos en una taberna casi inverosímil que no pasaba de emparrado con zaquizamí, donde nos dieron uvas y vino. Al poco rato oímos el son de un caramillo muy peculiar. -¿Qué te apuestas -me dijo mi amigo- a que el afilador que está a punto de aparecer por debajo de esos olivos es de Ourense? -¡Venga ya, Juan! -le respondí-. Para ya de urdir ficciones. Me juraste que en Micenas criaban centauros clandestinamente, y no hay modo de dar con uno de esos criaderos ocultos. -Porque están ocultos. O ¿qué te crees? ¿Que los crían a la vista de cualquier indocumentado como tú? ¿Que los mantienen expuestos a la rapacidad del abiageato y el malandrinazgo? -Bueno, vale -admití-. Pero por lo del afilador de Ourense no paso. Ese caramillo que suena puede ser el de cualquier pastor en busca de pastora, o el de un poeta en busca de inspiración. -Tú delira lo que te dé la gana. Yo me apuesto todo este billetaje a que es afilador y de Ourense. La rapidez de los hechos no me permitió cubrir la apuesta, y me libró de perderla. Tras el bien entonado caramillo apareció un señor con un par de bigotes en un rostro de envidiables colores, magnífica boina gastada, camisa blanca sin cuello y chaleco como es debido. Lo único polvoriento de su atuendo eran los pantalones y zapatos. El caballero empujaba un triciclo de afilador que disipó toda duda. Era de Ourense y nos invitó a comer. De semejante anécdota me acordé el otro día, cuando charlaba con la gente del Acuario Acquavisión Galicia, cuyos planes de expansión tienen no poco que ver, en su gestión, con los gallegos dispersos por el mundo. Lo que hace unos años era tan sólo la esforzada experiencia de mostrar a los críos una serie de animales de la ría y de los mares cercanos, es hoy un fenomenal complejo para la investigación y la conservación de especies relacionadas con los mares y los ríos, cuyos ejemplares pueden observarse en unas condiciones realmente estimulantes. A los vistosos escualos, a la sepia parsimoniosa, al incansable camarón, al siempre sombrío pulpo, se han añadido ahora unos animales tan admirables como el pelícano, nunca visto -según creo- en estas tierras. O como la nutria -a la que Castroviejo y Cunqueiro llamaban halcón de río-, de la que nadan dos lustrosos ejemplares en un habitat de rigurosa confección. O como la foca encontrada en alta mar hecha polvo, que hoy vive feliz, curada de sus heridas y más contenta que unas Pascuas. Y han añadido a todo eso toda una serie de aves rapaces terrestres y marinas con las que se proyecta organizar algo tan poco visto como una exposición de cetrería fluvial y marítima. Cuentan para ello con una serie de gallegos residentes en el extranjero que andan buscando un águila pescadora de Kanchaka, un águila calva americana, un pigargo de Kenia, y otros tipos de águilas de cetrería de las que vuelan por el norte de Europa y por los cursos internos del Danubio y del Mosela. Águilas que dentro de poco sabrán de los peces de Arousa, y, quizá, de lo que no son peces. Porque la ría es mucho.