PEDRO VILLALAR AL DÍA
23 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La astronómica cantidad que el Real Madrid ha pagado por el futbolista Zidane se ha convertido ya, a lo que parece, en un orden de magnitud, en una unidad de medida: un diputado neogaullista, interrogado por un periodista español sobre el escándalo francés de los fondos reservados, respondía con desparpajo que la cuestión era poco relevante porque el traspaso de Zidane, que ha costado 500 millones de francos, es más de lo que dispone el Estado francés para todos sus fondos de reptiles. La comparación es cínica e impertinente, pero expresa una deformación moral que conviene subrayar: si una sociedad supuestamente civilizada es capaz de valorar a un futbolista hasta extremos tan exorbitantes, ¿por qué habría de escandalizarse por el hecho de que los políticos se corrompan con cantidades mucho menores? No le falta razón al descarado parlamentario francés. Pero mientras arreglamos entre todos el déficit cultural en que radica el desmesurado justiprecio de Zidane, nuestros hombres públicos tendrán que buscar otras pautas y otras referencias: el dinero de nuestros impuestos es sagrado, aunque Zidane cobre, por añadidura, las cantidades netas.