21 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.
Las bravuconadas verbales del Fraga-Cicerón sobre la teoría de las guerras aplicada al nacionalismo no provocaron ni un movimiento en el bigote de Aznar cuando las escuchó. Siempre centrado. Siempre peinado. En cambio a Anasagasti, que ni siquiera integraba la caravana presidencial por Galicia, se le puso de punta su falso flequillo. ¿Cuál puede ser el secreto de ese hombre que no pierde su equilibrio centrista ni cuando el fundador de su partido teoriza sobre las guerras? La corbata. Permanentemente anudada al cuello, su efecto pendular mantiene a Aznar en el centro.