EL PADRE DE LUCKY LUKE

La Voz

OPINIÓN

OBITUARIO MAURICE DE BEVERE (1923-2001)

20 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Maurice de Bevere, alias Morris, lanzó a finales de 1946 las andanzas de una vaquero llamado Lucky Luke en el almanaque de la revista belga Spirou. El creador del célebre llanero solitario ha fallecido a los 78 años a causa de una caída. De Bevere nació en la localidad belga de Courtrai, en 1923, y con tan sólo 17 años comenzó sus estudios de diseño, centrándose sobre todo en el perfeccionamiento del cómic, que era su pasión. Cuando tenía 23 años y hacía tres que trabajaba en los estudios de animación CBA, ya tenía en mente que su personaje, el futuro Luke, debía ser animado. Pero para ello aún debería de esperar un poco más. Con el afán de conseguir buenos contactos con los sindicatos norteamericanos que controlaban la distribución de historietas en los periódicos, De Bevere emigró a las américas. En Estados Unidos entablaría amistad con René Goscinny, a quien recurriría en numerosas ocasiones como guionista de las andanzas de Lucky. Su técnica, inspirada en los fotogramas cinematográficos, le llevaría a producir los diseños de largometrajes como Daisy Town o La balada de los Dalton y otras series de dibujos animados para la caja tonta. El universo de Lucky Luke abarcaba sus andanzas cabalgando a lomos de su parlanchina yegua, Jolly Jumper, mientras entonaba su semipiterna canción: «Soy un pobre vaquero solitario y la ancha pradera es mi hogar». Su larga lista de creaciones incluye el diseño de magníficos secundarios como los malvados hermanos Dalton y la caricatura de celebridades como Michel Simon, Louis de Funes o David Niven. Cincuenta años después, el personaje apenas ha cambiado. De hecho, cuando llegó a Spirou, con sólo 23 años, el director le dió un consejo: «Evite a las mujeres, es un tema peligroso». Y así vivió Luky, medio siglo sin mujer y sin amante. Eso sí, dejó el tabaco en los años 80. Morris lo recuerda con amargura, porque los héroes del Far West, al estilo de John Ford, al que él tanto amó en el cine, siempre tenían el pitillo en la boca y el revólver en la mano.