CUARENTA Y SEIS

La Voz

OPINIÓN

LÍNEA ABIERTA / Juan José Moralejo Álvarez

16 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La terquedad del invierno y unas cuantas pijadicas urgentes me tenían en abstinencia fluvial. Del estreno en el Deva solamente hablaré en presencia de mi abogado y con paño de lágrimas a mano. Recunqué en el Ulla para saber que una vez más Doña Hidroeléctrica me lo había convertido en inundación impracticable; me fui al vecino Deza y me lo encontré vedado ¡ojalá sea esa veda un proyecto de normalidad y no el finiquito de viejas glorias! Primera vez en mi vida que ni siquiero mojo las botas. Victoria pírrica Pero por fin pude volver a mi Deva para obtener la victoria pírrica de levantar nada menos que cuarenta y seis truchas, pero solamente cuatro con la medida reglamentaria. Las otras cuarenta y dos se dividen en dos grupos: las que fueron finamente devueltas al líquido elemento y las que fueron tiradas al j. río con recuerdos para su madre. Fueron devueltas al líquido elemento las primeras, cuyas picadas empezaron por alegrarme la mañana, pero la reiteración de las enanas acabó dando paso al segundo grupo, el de las tiradas al j. río con recuerdos para su madre. Y en realidad la culpa es de las madres porque, si están ellas en comida y al acecho, no hay hijas que se les atrevan ni que puedan tomarles la delantera. Es decir, una vez más se cumple aquello de que si pican pequeñas, pequeñas pican, y te perseguirán río arriba y río abajo y te pasarás la jornada dándole al brazo de levantar y a la mano de desenganchar, que a fin de cuentas es mejor que hacer interjecciones y jaculatorias por la que picó y no llegó a estar fuera del agua. En fin, levantar cuarenta y seis criaturas vivas y con pintas es un día feliz; o mejor, dos horas felices, porque es habitual en estas pájaras tener tiempos de actividad: hasta las diez el río estuvo muerto, pero entre diez y once media hubo abarrote de treinta y dos individuas, incluidas las cuatro reglamentarias; se pasmó el río hasta las cinco y en la hora siguiente catorce insensatas se beneficiaron de mi fair play. Pero quedaron apalabradas para el 2002. Un respeto Sólo cuatro a la sartén, pero reconózcanme que un hombre que levanta 46 truchas en una jornada merece un respeto. Desde ayer he mejorado mucho el concepto que tengo de mí mismo y la familia me mira con otros ojos.