PEDRO VILLALAR AL DÍA
13 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La presencia de Ibarretxe en la entrega del premio Miguel Ángel Blanco a dos relevantes personalidades vascas que han desarrollado una lucha admirable contra la violencia etarra y contra la dejación moral de una parte de la sociedad que se ha mostrado pasiva ante tal persecución resulta mucho más expresiva que cualquier discurso. El hecho de que ésta haya sido la primera comparecencia pública del lehendakari tras haber obtenido la investidura parlamentaria da, si cabe, más realce al gesto, que no supone claudicación ideológica alguna sino simple reconocimiento al derecho universal a pensar distinto. Edurne Uriarte y Mikel Azurmendi, dos intelectuales solventes que han mantenido, con riesgo de la vida, tesis distintas de las que son gratas al nacionalismo, se han convertido así en la piedra de toque de la sinceridad de la mayoría política actual: la cicatrizacion de las heridas suscitadas por Lizarra y por su dramático desenlace a cargo de ETA hacía necesario ese retorno a la razón que supone la explicitud de Ibarretxe, presidente de todos los vascos pero sobre todo garante de la libertad de quienes más dificultades encuentran para ejercitarla.