MONTSE CARNEIRO
11 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Una empresa no es un individuo, ni la suma de muchos. Las sociedades interpuestas, las instrumentales, las cuentas opacas, las cajas B, esos enigmas tan del gusto de todos, confirman de modo ejemplar el potencial invisible del hombre, su capacidad para ser y no ser. Donde se ponga una SA, incluso legal, que se quite el individuo. El señor García podrá mudarse para gozar de las ventajas fiscales de la autonomía vecina, pero Garciasa no. Manda otra ley, la de la competencia, la de Microsoft, la que rige al mundo y a sus invisibles habitantes. Incluso a los de Bilbao.