ESTÁ CLARÍSIMO

RINCÓN DEL VIENTO / Pablo González Mariñas


Hace poco nos desayunamos con la noticia de que, al parecer, Milosevic, hoy encarcelado en La Haya, quiso asesinar a Tony Blair hace un par de años. «Via recta, via certa», decía Cavour.Tanto tiempo de esfuerzo en racionalizar la política, en objetivizar democráticamente las grandes decisiones sobre la base de mensajes, programas y compromisos... para terminar en esto.Cuando niños -¿recuerdan?- pensábamos que las guerras podrían evitarse sustituyéndolas por un duelo a muerte entre los jefes de las dos facciones o países enfrentados.Cándida inocencia pensar que las cosas van por ahí. Hoy los enfrentamientos no son cosa de dos, sino de todos o, si me apuran, de uno solo. Parecía coherente que el abogado defensor de Slobodan Milosevic fuese Mr. Clark, ex-secretario de Justicia de los Estados Unidos, justamente el país que, con ayuda de Tony Blair, encarceló al tirano, convenciendo adecuadamente a Kostunica, entonces enemigo terrible de aquél y ahora postulante de la ilegalidad de su encarcelamiento por quienes le ayudaron a acceder al poder y, últimamente, a mantenerse en él. Verde y con asas.

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