TRIBUNA / Francisco Vázquez (Alcalde de A Coruña) Todas las modas nacen de una necesidad. El sombrero tiene su origen en la protección de nuestra cabeza de la humedad, o del polvo, o del frio, o del sol. Formas y materiales varían según la necesidad que se pretende satisfacer y para los días de sol, nada mejor que el tradicional sombrero de fina paja de palmera, mal llamados Panamá , dado que su verdadero nombre es jipijapa .
02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Su país de origen es el Ecuador, donde se utilizan las hojas de las palmeras panamá (Carloduvica Palmata) para urdir el tejido que constituye la única fibra con la que se elaboran estos sombreros, tan prácticas y a la vez tan elegantes. Su nombre de Panamá, tiene su origen en los americanos que trabajaron en la construcción del Canal de Panamá y que lo utilizaban para protegerse del sol. A su vuelta a los Estados Unidos lo popularizaron y su moda se extendió por todo el mundo, hasta hoy, incluso en Culleredo, como yo hice el pasado domingo. El auténtico Panamá debe ser totalmente flexible, capaz de enrollarlo y pasarlo por un anillo de bodas, sin que rompa ni pierda su forma. El más preciado es el modelo Montecristi (nada que ver con el habano Montecristo) al que se le suele añadir una cinta negra para darle un toque de elegancia. Los jipijapa son de copa alta o de copa plana, este último de gusto más inglés. Los caballeros los utilizan mucho en los torneos de Wimbledon. El que yo utilicé era un modelo copa plana, aunque personalmente prefiero los de copa alta, también llamados de copa óptima, porque su cresta permite doblar mejor el sombrero y son sin duda más clásicos y elegantes. Los mejores Panamá, como todos los buenos complementos, se encuentran en Londres. Yo recomendaría Saint James Street, o bien la sombrerería Lock and Company o Christys, proveedor de la familia real inglesa. En España, los mejores sólo se encuentran en dos sombrererías que hay en una esquina de la Plaza Mayor de Madrid. Nada tienen que ver los jipijapa con los sombreros de paja, cuyo origen pertenece a los carniceros ingleses, aunque su uso se extendió en el siglo XIX a todas las clases sociales, siendo parte incluso del uniforme de los exclusivos colegios privados británicos; alguno, como el Winchester College, obligaba a sus alumnos a llevarlo puesto en las clases. El chansonier francés Maurice Chevalier popularizó su canotier por todo el mundo. El Panamá es el complemento ideal de los trajes blancos de drill y también de las guayaberas criollas, prenda preciosa donde las haya y que tan bien lució Gabriel García Márquez cuando recibido el Premio Nobel. En los días de sol me permito aconsejar el uso de los Panamá. Son frescos, transpiran y el ala ancha con que los rematan los torcedores de palma, nos libra del resplandor del sol. Desde luego, en ningún caso recomiendo esas horteras biseras, heredadas de los gorros de los jugadores de baseball, máxime cuando llevan impreso en su frente un nombre comercial que convierte a su portador en un hombre-anuncio. El único problema de los sombreros es el de saber las normas de cortesía que acompañan su uso. Cubrirse, descubrirse o saludar con gracia es un rito que bien realizado refleja la cultura y la educación de quien lo porta.