PUNTO DE ENCUENTRO / Ventura Pérez Mariño
02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Han tenido que pasar muchos años para que acepten su homosexualidad. Han tenido que pasar muchos años para que comiencen a salir del armario. El poeta Cavafis escribió en 1921: «Su desviado placer se ha consumado./ Del colchón se levantan y apresuradamente/ se visten, sin hablarse. Abandonan la casa/ por separados, furtivos y mientras/ caminan algo inquietos por las calles, parece/ como si sospecharan que algo en ellos revela/ en que clase de lecho cayeron hace poco». El sábado pasado, para celebrar el Día del Orgullo Gay, han salido del armario a borbotones. En Nueva York, en París, en Santiago, Coruña y hasta 200.000 en Madrid. (El doble que el año pasado). El número es importante pero lo es más la realidad. Se calcula que son 3.000.000 los homosexuales de nuestro país, entre un 6% y un 8% de la población. El éxito de la convocatoria madrileña fue tal, que los organizadores de la manifestación tuvieron problemas de protocolo para colocar a los representantes de los partidos a la cabeza de la manifestación. Nadie quiere estar fuera de la foto. En Vigo, y me imagino que ocurría igual en todas las ciudades, cuando éramos niños se perseguía a los maricones a pedradas. El régimen político y los entornos sociales no toleraban tal desviación, lo mismo que aún ocurre en multitud de países. Pero como no podía ser de otra forma, las cosas han cambiado. La homosexualidad ni es un delito, ni es una emfermedad, ni es una desviación, no es más que una opción sexual diferente a la habitual. Una vez aceptada esa premisa y vencidas nuestras propias resistencias, nada debería obstaculizar que el lema de la manifestación gay del pasado sábado se haga realidad: El derecho al matrimonio. Parejas estables No existe ninguna razón, salvo atavismos o perjuicios del pasado, para no regular -impedir- que los homosexuales puedan conformar parejas estables, que les generen derechos y obligaciones o para en definitiva poder casarse. Es más, sería lo deseable si lo que se intenta es ordenar los comportamientos sociales. Por otra parte, no vamos a descubrir nada; ya se ha hecho en Holanda, seguida por Noruega, Suecia, Francia y Bélgica. El pretender que nuestra sexualidad es la buena y por eso la única regulable, es una muestra de intolerancia y de prepotencia. Cada cual puede ordenar su sexualidad y ésta no puede ser causa de exclusiones. Además, el cerrar los ojos a la realidad como hace el Gobierno de la Nación colabora a desvertebrar el país. Propicia que cada comunidad autónoma legisle por su cuenta, como es el caso de Cataluña, Navarra o Valencia. Aquí, en la nuestra, por ahora, siguen siendo maricones.