¡HALA CELTA!

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO PUNTO DE ENCUENTRO

29 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El fútbol no es en sí mismo un espectáculo, en lo que realmente se ha convertido es en una pasión. En el largo túnel del franquismo, el fútbol y sus aledaños se aliaban con la derechona. Como todo espectáculo de masas, el balompié era utilizado por el régimen autoritario del General Franco, que ideologizó el juego identificándolo con las virtudes de la raza para doblegar a la pérfida Albión e impedir cruzarse con el comunismo, salvo la excepción de aquella final del gol de Marcelino a la atea Rusia. Con Zarra y Marcelino nos reivindicaban como realidad, y comprobábamos que pertenecíamos a un pueblo con destino en lo universal, aunque ciertamente efímero, pues las alegrías se evanecían enseguida cuando cualquier equipo del Este nos devolvía a la Tierra. Con esa perspectiva, a los opositores se les negaba la posibilidad futbolera. La democracia ha neutralizado el deporte. Los políticos, a imagen de Sandro Pertini, llenan los palcos de los estadios probablemente porque les gusta el fútbol y seguramente porque les parece imprescindible que los vean apoyando, animando e incluso opinando. Pero tal vez el lado más novedoso del deporte rey es la identificación siamesa de los ciudadanos con sus respectivos equipos con desprecio de matices, entrenadores o presidentes. En esta época virtual, con importantes lagunas referenciales, el equipo, el equipo de cada ciudad, sobre todo si va bien, nos permite subirnos a su grupa y cabalgar atados a sus éxitos identificando nuestras proyecciones con sus victorias. ¡Ahí es nada! En Galicia no nos podemos quejar. El Dépor y el Celta nos han permitido en los últimos años sacar pecho y creernos en la gloria, o tocando el cielo. Nos han permitido comentar como entendidos los lunes y martes, hacer alineaciones los miércoles y jueves, meter goles los viernes y sábados, y comprobar los domingos que estábamos en lo cierto. No sé si ya se habrá estudiado, pero tal vez esa sea la causa, de ser cierta, del escaso consumo de prozac en nuestra Comunidad. Con seguridad, no existe en nuestra cultura ninguna circunstancia que haga poner en movimiento a más de veinte mil personas, como los vigueses, que se han desplazado a la búsqueda de El Dorado, algunos pidiendo créditos para hacer frente a los gastos; otros, permisos laborales, y todos ellos comulgando con el objetivo victorioso. Así que, como Antoñito el Camborio, a Sevilla a ver... al Celta.