EL OCASO DE ARAFAT

La Voz

OPINIÓN

LA OTRA MIRADA / Cristóbal Ramírez

21 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Yaser Arafat pasó por Madrid. En la capital española aseguró al presidente Aznar que controlaría la violencia palestina con el fin de no empeorar aún más (¿es posible?) la situación en Oriente Próximo. Mentira, claro. No que Arafat haya dicho eso, sino que lo vaya a cumplir. Y es que el veterano líder árabe no se encuentra en condiciones de garantizar nada. Aislado en palacio, la calle pertenece a los integristas de Hamas. Al Fatah, el grupo más poderoso de la Organización para la Liberación de Palestina, pierde terreno a medida que pisa la moqueta de los despachos y se empantana en ellos, terreno abonado para la corrupción. Es más, ha sido (¡increíble!) la CIA norteamericana la que forzó el alto el fuego en vigor. En su ocaso político y biológico, Arafat manda cada día menos y ya no sabe qué hacer para mantenerse en un poder que sus acólitos defienden con uñas y dientes. Pero eso no puede hacer olvidar algo que no por repetido deja de ser verdad: él y su gente no comenzaron la violencia. El dirigente palestino puso en Madrid los puntos sobre las íes: «La violencia, hoy, es de los colonos israelíes». Y ése es el problema. Cierto es que muerto el perro se acabó la rabia, pero de tumbas ya está saturada la región. Porque al paso que vamos, Ariel Sharon, primer ministro judío, quizás vea el fin de Arafat, pero Oriente Próximo se acerca al punto de combustión y la responsabilidad será suya. Y de la absentista Administración Bush, por supuesto.