JAVIER ARMESTO
19 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Pecamos de soberbia. Salimos a la calle y decimos: «Tenemos la ciudad más bonita del mundo». Celebramos la inauguración de un nuevo parque, la construcción de un paseo, y todavía hay calles con las aceras de barro. Llenamos los centros comerciales, el carro del hipermercado, y nos quejamos porque la inflación ha subido unas décimas. Gastamos millones en un monumento y quemamos el presupuesto en las fiestas, pero torcemos la cara cuando nos piden una limosna. La globalización no puede ir dejando excluidos por las esquinas. O todos, o ninguno.