ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO
10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No están capacitados para ocupar con la dignidad imprescindible los cargos que ocupan. Ni tan siquiera para ostentar responsabilidad alguna en nuestra sociedad. Lo temíamos. Pero el último informe del Valedor do Pobo nos lo ha vuelto a recordar. Xosé Cora acaba de presentar ante el Parlamento su informe correspondiente al pasado año. Y al margen de otras cuestiones, ha puesto el dedo en un asunto extraordinariamente preocupante. En al menos once ayuntamientos rurales, todos gobernados por el PP, existe un déficit democrático. O lo que es lo mismo. No hay «un respeto total y absoluto» a la oposición. Y advierte algo que huelga comentar. Los alcaldes «pueden tener mayoría absoluta, pero la oposición tiene unos derechos que establece la ley». Eso no es necesario ni decirlo. Tienen el deber de conocerlo. Es probable que exista un déficit democrático incluso mayor que el que refleja el informe del Valedor. Es probable que la situación sea todavía más grave que la hecha pública. Pero, al menos, en esos ayuntamientos, la situación no puede prolongarse por más tiempo. Poner en duda el funcionamiento democrático, aunque sólo sea de una de nuestras corporaciones, es de una gravedad extrema. Mucho más si se repite en lugares de las cuatro provincias y se mantiene en el tiempo. Porque eso significa que quienes ostentan el poder, por mucha mayoría absoluta que hayan obtenido, siguen en la España negra. En la del mando y ordeno. En la del «usted no sabe con quién está hablando». Llevan el ayuntamiento como si de su finca privada se tratase. Los alcaldes no son los únicos culpables. Hay más responsables. Y tienen la obligación de actuar con urgencia. Porque la democracia no admite borregos. No podemos permitirlo. Por higiene.