JUAN CARLOS MARTÍNEZ MUY AGUDO
06 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Una ONG internacional y varias asociaciones de consumidores acaban de lanzar, con el punto de mira puesto en los ciudadanos sensibles, la campaña Consume lo justo, una interesante iniciativa que podría extenderse por ámbitos y sectores mucho más amplios que los inicialmente incluidos en la agenda. Lo que estas organizaciones nos piden es que estemos atentos a lo que compramos para que nuestras economías domésticas dejen de favorecer las situaciones de explotación en los países del Tercer Mundo. Pero el lema de la campaña es como para pensárselo. A algunos ya les sonará a viejo. Sobre todo a los agentes de la Guardia Civil. «¡Consuma lo justo!», les decía la autoridad competente cuando les entregaba un garrafón con cinco litros de gasolina para patrullar montes y valles todo el mes. El jefe supremo del cuerpo, López Valdivielso, niega ahora que los coches-patrulla carezcan de combustible, pero añade que el presupuesto para ese fin se ha incrementado este año un 68%, aumento tan descomunal que casi casi confirma que los todoterreno verdiblancos hasta ahora sólo tenían gasóleo para circular el día de la fiesta patronal. La campaña, pues, no se dirige a ellos. Ni tampoco a los jóvenes consumidores de alcohol, a los que una directiva europea va a reorientar hacia los zumos y las aguas carbónicas; ni a los fumadores, a los que, también por iniciativa bruselense, jaleada por la ministra que cuida de nuestros pulmones, pronto les será más asequible la grifa que el clásico tabaco. Y no se dirige en absoluto, aunque debería, a la sociedad gallega, que con sumo ghusto se zampa un lacón con grelos el miércoles, una parrillada de pescados el viernes y acaba el domingo en alguna fiesta de exaltación agroalimentaria de esas que te ponen las calorías al mismo nivel que los depósitos de la Endeavour al despegar de Cabo Cañaveral. Aún más debería dirigirse a quienes tienen responsabilidad sobre la forma de organizarse en esta comunidad, en la que, digan lo que digan los tópicos, resulta muy caro vivir, porque nos domina el despilfarro y el dejar pasar. Porque a la vez que las siempre bien compensadas compañías petrolíferas nos cobran por los combustibles más que a ningunos otros españoles, los servicios colectivos de transporte escasean como sardina en San Juan y por eso nos vemos sujetos más que nadie al volante, al peaje de la gasolinera y al accidente de tráfico. ¿Consumo justo? A ver si cunde.