A TORRE VIXÍA / Xosé Luís Barreiro Rivas
14 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Ganar -lo decían todos- era desalojar al PNV del poder, formar una mayoría absoluta con el PP y el PSOE, tocar la Ertzaintza con la varita mágica de Mayor Oreja, y convertir el infierno en un Paraíso Terrenal. Y para eso, para ganar, se concentraron todos los efectivos disponibles, se hizo un discurso único, se leyeron sesgadas todas las encuestas, se manipularon todas las televisiones -¡menos la ETB, naturalmente!-, y se hizo una maniquea campaña en la que poco más que se escogía entre ETA o el PP. Para hacer creíble este objetivo, se sospechó de los obispos, se atribuyó a Arzalluz la jefatura de la banda, se insultó -¡por asesinos!- a Atutxa e Ibarretxe, se jugó con la Justicia al borde del abismo, y se identificó el nacionalismo con un campo de narcóticos donde crecen las hierbas que emponzoñan Euskadi. Y, en el colmo de los despropósitos, ni siquiera los movimientos cívicos surgidos del luto de Ermua se libraron del estéril dualismo de una campaña electoral que hizo de Ibarrola, Savater y Juaristi la prueba del nueve de su arriesgado juego político a la carta más alta. Pero iban a espadas y salieron bastos. Y por eso nadie debería engañarse. Fracasado Mayor Oreja, y fracasada su estrategia radical y sin retorno, se chamuscaron también todos sus efectivos. Y otra vez tenemos a los vascos pendientes de un PNV que, después de ser vapuleado y aislado de forma inmisericorde, debe asumir sobre sus hombros la compleja tarea de recomponer la unidad de las fuerzas políticas de Euskadi, de abrir nuevos foros de conversación, y de reiniciar la historia de la paz en el mismo sitio que estaba hace tres años, cuando el PSOE de Nicolás Redondo decidió romper su coalición con el nacionalismo, declarar la situación ingobernable, y ponerse a chupar rueda del PP, a la espera del arrase electoral definitivo. ¿Y ahora qué? Si usted me leyó hace diez días ya lo tiene claro: tragarse el discurso de la confrontación y la discordia, y volver a reconstruir la más fácil y razonable coalición que gobernó, durante trece años, el País Vasco. ¿Qué datos tenían los politólogos que metieron a la sociedad vasca en el estéril juego de la confrontación con los nacionalistas? La respuesta es sencilla: relegaron la objetividad en favor de los prejuicios incentivados. Pero, si usted seguía nuestros comentarios, sin dejarse engatusar por la baraúnda mediática de Madrid, usted ya sabía que el PNV tendría un enorme triunfo (33 escaños), que los maniqueísmos del PP y el PSOE no iban a ninguna parte (32), y que EH se hundía (7). Por eso deseo que el PNV sepa administrar su victoria. Por la paz, y para todos.