LA VICEVERSA DE MALROUX

La Voz

OPINIÓN

MERIDIANO DE ACTUALIDAD / Carlos García Bayón

03 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace ya unas semanas que ha llegado el cuco a los cuarteles de verano y clorofila de mi aldea. En otros días menos electrónicos que los que vivimos el Reino Unido celebraba el retorno del ave a las islas con un artículo en el Times. También han llegado el paporroibo, las golondrinas y Andrè Malraux. La actualidad y repique de campanas en torno al escritor galo se debe a que en este año se cumple el centenario de su nacimiento. Lo despertarán, pues, de la muerte que custodia el Panteón de Hombres Ilustres, de Francia, situado en la cumbre del cerro de Santa Genoveva. Pero cuidando de no alertar a Voltaire, Rousseau, Víctor Hugo que también allí descansan la gloria. Veremos de nuevo a Malraux con el famoso mechón sobre la frente, el pitillo lleno de nicotina, el ímpetu aventurero pero dandy, los tics nerviosos, el absurdo instalado en los testículos, persiguiendo el secreto de Belkis, reina de Saba y amante de Salomón, y seducido al final por la grandeur de De Gaulle que lo hace ministro: «Allons enfants de la Patrie...». El objeto de la cultura Yo en el centenario testimonio de mi lealtad y vuelvo a releer sus Antimemorias porque nadie se acerca al Rubicón para pescar anguilas. Además, como dijo él mismo, «el objeto esencial de la cultura son las resurrecciones». Y las resurrecciones comienzan por uno mismo. Esa debía ser la condición humana. Pero de entre las matas de ginesta surge el absurdo, te pega un tiro en la nuca o te descalabra a 150 kilómetros por hora... Malraux pertenecía a la estirpe de los proteicos que todo lo abordan y todo lo coronan con esplendor. Fue, sediento de ser y saber, aventurero, aviador de guerra, político, escritor, ministro, ensalzado y repudiado, y misterioso. ¿Qué ocultaba? ¡Ah!, lo oculto es lo más revelador y para revelarlo hay que resucitar y librarse del destino y la vanidad. ¿A qué tanta soberbia? Estoy con Malraux de que el hombre ha surgido de las profundidades del tiempo y la nada para... inventar la regadera. Pues, por descubrir ésto tan patente a Malraux lo enterraron en el Panteón. Ahora, entre repiques y músicas, lo van a desenterrar para luego volverlo a enterrar. La vida es una viceversa. Ni el hombre rebelde se libra de esa viceversa.