«BARACA»

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

02 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Así llaman los árabes a la suerte de Dios. Y así le llamo yo -baraca- a la suerte que tiene Fraga con este sindicalismo que adorna y contextualiza sus victorias electorales, hasta el punto de convertirlo en un hombre de Estado providencial e imprescindible. Porque sólo a un amigo de Fraga se le pudo ocurrir la idea de convocar una huelga general fantasma. Y sólo la baraca pudo situar esa huelga en una fecha -15 de junio- que le va a rendir al PP dos impagables servicios: cerrar el paréntesis vasco -que se pone cuesta arriba-, y abrir la senda de gloria que llevará a la derecha gallega a su cuarta mayoría absoluta. El primer capítulo de esta historia lo escribió -¿recuerdan?- la oposición nacionalista, que, ante la imposibilidad de cohesionar unha alternativa de izquierda, optó por presentar su débil e inoportuna moción de censura contra un Gobierno fuerte -¡crecido, diría yo!- que utilizó el evento para repartir mamporros dialécticos y exhibir, eufórico, su poder inexpugnable. Y retrucan ahora los sindicatos, que, después de colaborar en la creación del paraíso virtual que nos acoge, sin abrir boca en la crisis de la Confederación de Empresarios, y habiendo pactado con la Xunta los intereses de sus respectivas burocracias, se descuelgan con una huelga general incomprensible, que quiere abofetear a Aznar en la cara de la Xunta. ¡Baraca, don Manuel! ¡Así gana cualquiera! Y por eso me da pena que, cuando usted se disponía a levantar a pulso una brillante victoria, le cierren su carrera con el regalo de una mayoría absoluta que, en vez de ser el fruto de su fortaleza, parace una concesión a su promesa -más o menos irrevocable- de retirada. Un conflicto sin salida La huelga general sólo se entiende como la última ratio de un conflicto radical y sin salida. Y resulta incomprensible que emerja por sorpresa, como un géiser hirviente, en un paisaje social de calma chicha. Y por eso califico de fantasma esta inaudita convocatoria, que atufa a órdago estéril entre burocracias del poder. Y aunque nada me va en ello, me llena de perplejidad la contribución que hace toda la izquierda a la última marcha triunfal del fraguismo. Si la censura fue un saque de esquina con sabor a gol, la huelga general es un libre directo a la medida del PP. Sólo falta que Pérez Touriño se empeñe en hacer su serodio debate sobre la autonomía, y le otorgue a Fraga un tiro de penalti en tiempo de descuento. Porque eso sería, más que baraca, la suerte del campeón.