MANUEL ALCÁNTARA
29 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La líder del Partido Radical italiano, Emma Bonino, es una agitadora política infatigable y de tan buena fe que les ha dado muchos disgustos a sus compatriotas. ¿No es una pena que una mujer así esté en huelga de hambre y de sed? Puede acabar como Emma Bovary, sólo que antes, ya que el amor fatal puede permitir dilaciones, pero con el estómago no se juega. La radical decisión de la señora Bonino se debe a que lleva una larga temporada reclamando la atención de los medios informativos, pero éstos no le conceden el espacio que demanda. Salir en los periódicos y en la televisión y hablar en la radio a todas horas es el alimento de los políticos. Los diarios italianos de mayor tirada le niegan el pan y la sal y, en vista de eso, ella lleva dos días sin probar bocado y sin echar un trago, aunque sea de agua. Un experimento muy peligroso: Bonino es flaca y si pierde unos kilos puede desaparecer. Eso de no poder decir esta boca es mía, ni siquiera para comer, debe de ser gravísimo para cualquier político, pero lo peor no es que en boca cerrada no entren moscas: lo más grave es que en cabeza cerrada no entran razones. Por hablar de más y comer de menos empezamos a oír cosas extrañas: unos le piden cuentas al PP por el bombardeo de Gernika y el asesinato de Viriato por tres tipejos llamados Alauco, Ditalcon y Minuro, y otros dicen que Aznar y Zapatero son extranjeros, que «no deben venir». La sensatez está en ayunas, como Emma, la pobre.